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Ciudades y sociedad inclusivas / Horizonte Económico / Miguel González Ibarra

  • Horizonte Económico / Miguel González Ibarra

  • La inmigración debe ser vista como una oportunidad para impulsar la productividad

El tema de minorías que por razones de raza, religión, grupo étnico o preferencias sexuales se encuentran estigmatizadas y, en mayor o menor medida, excluidas de las actividades de la vida cotidiana, ha sido motivo de atención de la política pública en distintos países, así como de preocupación internacional por aquellos en que se mantienen actitudes de segregación.

Sin embargo, recientemente la inestabilidad política que impera en distintas regiones del mundo ha generado una oleada de inmigración masiva, que constituye a la vez un reto y una oportunidad para los países y las ciudades receptoras. Adicionalmente, a la migración internacional, existe también la migración interna y el crecimiento de la población que se suma al reto que deben afrontar y a las oportunidades que deben saber como aprovechar las ciudades.

Al respecto, en uno de los últimos documentos elaborado por MacKinsey Global Institute, se plantea que las ciudades deben considerar a la inmigración y al aumento poblacional como un factor positivo para impulsar la productividad, en lugar de un pasivo social.

Al reconocer que las dos terceras partes del desarrollo económico en todos los países está determinado por la capacidad y por las habilidades de la población, la mayor densidad origina que exista una mayor frecuencia de interacciones entre los individuos, lo cual propicia que surjan  nuevas oportunidades de  actividades productivas y de especialización. A su vez, el creciente número de personas que pueden incluirse en las actividades productivas genera un mayor crecimiento económico.

De tal manera, en lugar de considerar que  la inmigración sólo constituye una carga que afecta a la economía y a los servicios urbanos, debe aprovecharse la posibilidad de aumentar la producción y con ello  eliminar el riesgo de que la población marginada se convierta en un pasivo social.

La inclusión de los inmigrantes implica, además de la tolerancia y el respeto a las diferencias, la creación de las condiciones para que se incorporen y enriquezcan la vida cultural, social y económica de la ciudades, para lo cual se requiere contar infraestructura necesaria para el desarrollo de obras públicas en materia de equipamiento y servicios urbanos, de transportes y de movilidad, así como de comunicación, incluyendo la modalidad inalámbrica y creación de una oferta adecuada de vivienda.

La disponibilidad de recursos  en el mercado financiero mundial por parte de fondos de inversión institucionales son una fuente de financiamiento para la creación de infraestructura, según asegura el  Global Green Institute y el G- 24, (organización internacional que agrupa las principales economías en vías de desarrollo). De tal manera, si los gobernantes de las ciudades receptoras de inmigrantes y las que enfrentan un amplio crecimiento poblacional tienen la capacidad de generar proyectos viables para llevar a cabo obras de infraestructura que apoyen el desarrollo sustentable, con el fin de enfrentar el reto ambiental, podrán también crear oportunidades productivas para absorber el crecimiento poblacional y la inmigración.
miggoib@unam.mx