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Claro que se puede

  • Raúl Aarón Pozos

  • Raúl Aarón Pozos Lanz

Estamos de acuerdo con que la crisis financiera y política de Veracruz no solo es inédita, no solo ha rebasado nuestra capacidad de asombro por todo lo que se ha ido revelando, sino que independientemente de que el Gobierno de esa entidad y las autoridades federales encuentren una salida que devuelva la tranquilidad a la sociedad y a los alcaldes que hoy reclaman sus participaciones mediante la toma de Palacio de Gobierno, nos debe servir de lección a quienes estamos o hemos estado en la administración pública.

Por un lado, el ya ordinario “mal manejo” de las finanzas públicas; por otro, la responsabilidad política que incluye la participación de los partidos. No hemos podido “encontrar la cuadratura al círculo”, ni para lograr la eficiencia en la aplicación de los recursos públicos ni para encontrar a las personas que reúnan los requisitos elementales para conducirse administrativa y políticamente con corrección. Veamos.

Para el 2015, la deuda global de las 32 entidades federativas ascendía a 536 mil 269 millones de pesos. No ha dejado de crecer. Ciudad de México, Nuevo León, Estado de México, Coahuila, Chihuahua y Veracruz son las entidades más endeudadas. Tlaxcala, Campeche y Querétaro las menos endeudadas. En 2016, continúan endeudándose Michoacán, Sonora, Tabasco, Tamaulipas y Zacatecas.

¿Por qué se endeudan tanto los Estados? ¿A dónde se va ese dinero? ¿Sirve para financiar el desarrollo y abatir la marginación y la pobreza? No estamos aquí en condiciones de hacer un análisis casuístico, nos hacemos las preguntas que se hacen los ciudadanos y, a partir de que no se encuentran respuestas fáciles, subrayamos el nivel de desconfianza social tanto en las autoridades, de todos los niveles, como en los partidos políticos que postulan a quienes luego nos gobiernan.

No podemos, ni debemos, meter a todas las entidades en la misma bolsa de irresponsabilidad. Tampoco es cierto que esa deuda global enorme y los casos tan tristemente célebres como el de Veracruz, se deba en su totalidad a que se robaron el dinero quienes debían aplicarlo a programas de beneficio social. Hay una gran parte de ineficiencia administrativa porque el gobernante y quienes debieran ayudarlo no tienen, en muchísimos casos, el conocimiento y menos la experiencia administrativa.

El principio del caos, como el de Veracruz, tiene que ver con la gente que administra los recursos públicos, su impericia, y peor, su corrupción si quienes deben cuidar y supervisar los recursos públicos se desentienden y dejan “el arca abierta, en la que hasta el justo peca”. Se desentienden muchos gobernantes porque tampoco saben de administración pública, algunos demasiado jóvenes, que terminan cayendo en el gozo del “canto de las sirenas” que los arrulla, que los envuelve y que termina por perderlos. Es una parte de la cuadratura del círculo que no hemos encontrado. La otra parte es la política. Los partidos tienen la tarea interna de encontrar entre sus filas los perfiles más atractivos para presentarlos a los electores, para ganar las contiendas electorales, para eso están creados. Y los encuentran. Sea por juventud, sea por arrojo, sea porque presentan carreras políticas meteóricas o porque, los gobernantes en turno, escogen muy de acuerdo con sus preferencias particulares o visiones de lo que se necesita para ganar en determinada demarcación geográfica-electoral.

El punto es que, al escoger el perfil ganador, pocas veces congenia con la preparación y la experiencia en la administración pública. Los partidos terminan privilegiando el perfil ganador a través de las encuestas u otras formas de medición y al privilegiar ese perfil olvidamos que, a final de cuentas, por donde se le quiera ver, el gobernante electo lo que hará será administrar bienes tangibles e intangibles para servir a la sociedad. Desde luego, no se puede servir desde la administración pública sino se es administrador, si no se tiene la experiencia, si no se llega con el nivel de compromiso social que solo puede obtener frente a la sociedad y con la sociedad.

En buena medida es lo que ahora empieza a plantear, el Revolucionario Institucional, a la sociedad. Enrique Ochoa Reza tiene razón al entrar al debate con otros partidos, pero, sobre todo, en plantear reclamos y denuncias a los gobernantes incluidos los emanados del PRI, que no cumplen a los ciudadanos, que se roban o desvían los recursos públicos. Todos los partidos políticos y los servidores públicos tenemos una responsabilidad de acabar con las malas prácticas que tanto han afectado a los ciudadanos.

*Senador