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  • ¡Clic!: Guadalupe Vergara

Son pocas las ciudades que a fuerza de conocerlas devuelven

Una imagen fiel a sí mismas, pero al mismo tiempo cambiante y multiforme. Barcelona es una ciudad múltiple, viva, que se transforma con la luminosidad en el transcurso de las horas y varía en las estaciones. Con un devenir histórico que la hacen única. Capital bimilenaria de un país milenario, Barcelona es la causa de la cohesión de Cataluña. Todo su pasado está proyectado en el presente que recorre su evolución desde los orígenes. Es una capital marítima propia de los pueblos comerciantes y marineros. Ciudad, en fin, mediterránea en sitio y belleza única, también acogedora. Nada es casual, ni el auge económico ni la nueva y cuidada fisonomía urbana, así como la presencia real en el mundo; todo es debido a una línea de actividad continuada de los barceloneses que tienen en cuenta la fidelidad al pasado para adentrarse seguros en el futuro.

ESTO Y MÁS COMPROBÉ EN RECIENTE VISITA

Con el atractivo más importante que fue siempre el de abrazar a mi pequeña nieta Olivia, cada día más guapa y sus felices padres. Así, disfrutando cultura y ocio en sitios simbólicos desde el Palau Robert en Paseo de Gracia, Centro de Información de Cataluña siempre con interesantes expos ahora de fotografía. La visitamos una mañana carriola en ristre, soleada y admirando después escaparates de los más diversos y exclusivos artículos.

Ni qué decir del día dedicado a San Jordi, patrono de Barcelona, donde propios y extraños participan jubilosos obsequiando libros y rosas, espectáculo maravilloso, colorido, único en el mundo que quisiera volver a compartir como ese día con la familia. Después Chez Luis y Beatrice Cañón, inolvidable lomo a la sal, entradas y postres ¡Mmm!

Un paseo vespertino con María Vallés y Frank Hubner amigos de Anita Sabina con su respectivo aperitivo. Como siempre Olivia la más contenta. Días después, Luis y Beatrice generosos anfitriones, siempre organizan algún paseo cultural y ameno. Ahora, el Real Monasterio de Santa María de Pedrales, fundado por la reina Elisenda de Montcada en 1327, con el apoyo de su esposo, el rey Jaime II, que quiso que su Iglesia se dedicara a Santa María. El lugar conocido como Pedrales, nombre que procede del latín petras albas (piedras blancas), fue elegido por la reina para la nueva fundación.

El edificio constituye uno de los mejores ejemplos del gótico catalán. Pinturas murales y objetos de uso cotidiano dan idea de la vida en común de las monjas clarisas. Un recorrido por la extensa zona residencial donde Beatrice me muestra orgullosa “su escuela”, enorme y reconocida institución; después, la clásica caña admirando el paisaje. Paseos por parques para que la pequeña también gozara como su día de piscina pues a sus ocho meses trata de flotar solita. Búsqueda de guardería y ropa de verano.

SANTA MARÍA DEL MAR, VISITA OBLIGADA

Donde como siempre, a pesar de múltiples visitas, la primera impresión que experimento, es de sorpresa. La masa de la grandiosa estructura harían pensar que todo en el interior, debería estar dominado por la pesantez que exigen las grandes proporciones. Y no hay nada de esto; la sensación que se tiene es de ligereza y esbeltez. Sin duda, por las 16 altas columnas ochavadas, de 1.60 m de grosor, sin adornos de ninguna clase. La ausencia de coro en el centro de la Iglesia, las capillas laterales con todos los elementos perfectamente a la vista, la sobriedad de la decoración y la intensa luz que entra por esbeltos ventanales, acaban de hacer el resto…

Nos veremos más tarde…

Que el cielo los juzgue…