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  • ¡Clic!: Guadalupe Vergara

  • Guadalupe Vergara
  • Fue triunfador el novillo cardeno “Compadre”, aplaudido desde la salida

Con estupenda entrada y ambiente, familias con sus respectivos chavos, sábado que inicia con tradicional misa en el ruedo, transcurrió la segunda novillada del serial “Descubriendo un Torero”. Cuatro valientes alternantes y concurso de ganaderías. Así aplaudimos emocionados a “Compadre”, al verlo acudir con bravura y codicia al caballo dos viajes en corto, el tercero de largo peleando encastado a las puyas de César Morales que fue aplaudido por este tercero. Con trasmisión y buen estilo correspondió al capitalino Arturo Soto, su tercera tarde aquí, en el coso de la familia Arroyo, donde gustaron sus buenas maneras pero sin afilar la espada. Ahora con “Compadre”, que con las características de bravo, tenía su guasa. Con la capa lo bregó bien. Arturo que vestía en turquesa y oro lo brindó a Pepito Arroyo y tuvo que emplearse a fondo para lograr muletazos coreados por ambos lados, tiene recursos y piensa. En un momento le perdió la cara al de José Arroyo, pero solo fue acunado. Tampoco acertó con el acero. Escuchó un aviso y lo hicieron salir al tercio. A “Compadre” todos los honores y fue el novillo de la tarde. Abrió plaza Nicolás Gutiérrez, de Aguascalientes, que venía de azul purísima y oro. Sorteó a “Notario” de Huichapan, con triunfos aquí e importantes plazas en la México y la provincia, no tuvo tela, sin bonita estampa, indefinido y escaso de casta, el hidrocálido lo bregó y gustó en los ayudados, templando en algunas tandas derechistas, pues el de Lugo Verduzco fue muy complicado. Media estocada, cuatro descabellos para terminar. José María Pastor, de Aguascalientes, con dos tardes en Arroyo, triunfador con un novillo de El Vergel, regresó a los ocho días con uno de Caparica. El 2014, otras dos tardes de triunfo, el pasado 2015 se fogueó en España. Ahora ataviado de obispo y oro, tuvo a “Cifuentes” del hierro de El Rocío, un novillo feo, chico, capacho, sin trasmisión como José María, quien estuvo frio y distante. En el tercio de banderillas logró emocionar y escucho fuertes aplausos. Trapazos y muletazos con el pico de la muleta para terminar con dos pinchazos, estocada y aviso. Saludó en el tercio. Cerró plaza Ángel Escobedo, que vino de Zacatecas a comer la lumbre a puños, de grana y oro debutó ahora como novillero, antes partió plaza de becerrista y otra como aspirante a novillero, menudo, alegre y dispuesto, tuvo a “Promotor” de la ganadería de Montecristo, que manseó desde la salida. Ángel Escobedo se vio rápido y no logró ajustarse, cubrió el tercio de banderillas que compartió con José María Pastor y tampoco como sus alternantes afiló la espada, escuchó los tres avisos y “Promotor”, que no hizo honor al nombre, fue devuelto. Cesar Morales escuchó aplausos y el subalterno Ángel Morales salió al tercio por estupenda colocación de las banderillas. La semana siguiente inicia la segunda etapa de “Descubriendo un Torero” con los finalistas de Tlaquepaque, Zacatecas y esta Plaza de Arroyo. y… ¡Que Dios reparta Suerte!
MARIA MARTHA RODRÍGUEZ, VOCACIÓN A TODA PRUEBA

Desde Sevilla, donde realiza sus sueños y lo no soñado, llegó María Martha a mostrarnos salerosa, feliz y satisfecha su paso en el arte flamenco, un año después que inició con el pie derecho en la prestigiada Fundación Cristina Heeren. Ahora retorna a la segunda etapa, ya con media beca ganada a pulso entre destacados colegas de esta escuela que dirige Pepa Sánchez. Curso avanzado con Milagros Mencibar, Javier Barón, profesores premiados internacionalmente como Luisa Palacio, que es premio revelación. Esta es la única escuela de flamenco en España que integra todas las “disciplinas”: cante, baile, guitarra y palmas, la historia del flamenco, “baile palante, los tablaos”. Los complementos, castañuelas, mantón, bata de colas y abanico. Y sobre todo entender el cante. El cante flamenco es una materia tan compleja y discutida tantas veces como es todo aquello que se refiere a él por sus ramificaciones. Cante del que van brotando a través de vocablos o frases en él insertados, todos los demás artículos escalonados por una derivación, cada vez más individualizadora como se verá durante una juerga. Juerga: reunión de aficionados, acordada para escuchar el cante. Suele celebrarse en los reservados de los colmaos y ventas, en los almijares durante el tiempo de la vendimia y en los cortijos cuando los tentaderos. Una juega flamenca se atiene siempre a ciertas normas. Pocos concurrentes y despojados todos de la preocupación del reloj. Escuchar en silencio, llevando el son únicamente los que saben y jaleando con oportunidad. No pedir determinados cantes, sino esperar a que los cantaores vallan entrando en ellos en completa libertad. De cuando en cuando una ronda de vino, con los comentarios naturales sobre este cante o aquellas falsetas. Las juergas son con frecuencia falsificadas en fiestas crapulosas o esnobistas, que solo utilizan el cante como pretexto.
EN SU ACEPCIÓN MÁS AMPLIA, EL VOCABLO CANTAOR

De cantador, significa cualquier persona que tenga habilidad para ejecutar el cante, pero en su sentido estricto y más corriente se aplica a aquel o aquella que tiene por profesión tal ejercicio. En el principio, cuando aparecen las primeras formas “flamencas” en los hogares y fraguas gitanas, el cantaor profesional no existió. Y durante bastante tiempo, hasta mediados del siglo XIX, los cantaores no debieron de actuar “como verdaderos profesionales”. Daban su arte en las reuniones y fiestas, siempre minoritarias y de carácter privado, sin otra remuneración que los regalos y donativos que les eran ofrecidos como voluntaria y agradecida compensación o simplemente como ayuda de costas. Y tienen que llegar los cafés cantantes para que el cantaor actúe francamente como profesional. Pero “el cantaor verdadero” nunca se considera a sí mismo un mero profesional, sin otra misión que la de ejecutar su arte con arreglo a ciertas normas más o menos aprendidas y rigurosas. El cantaor sabe que el suyo es un arte sustanciado por el profundo sentir y emoción propios, por ello pone al ejecutarlo una unción y respeto que espera manifiesten y experimenten, asimismo quienes lo escuchan. En ciertos casos, cuando la intimidad es muy grande, el cantaor llega a actuar no solo como intérprete de sus propios sentimientos, sino también, en algún modo, del de los demás; cuando el cantaor está a gusto llega a identificarse con el sentir de ellos y expresarlo en su propia voz. Por eso no es raro el caso de cantaores que después de sus actuaciones más o menos públicas se quedan con un reducido número de cabales, a seguir ejecutando su arte sin más estímulo que el de conseguir esa comunicación sentimental anímica, que ellos saben necesario para el brote vigoroso, incontenible, pero hondo y arduo del cante.