imagotipo

Colombia y el proceso de paz

  • Rosamaría Villarello

  • Rosamaría Villarello Reza

El plebiscito fijado para el 2 de octubre a través del cual los colombianos confirmarán los Acuerdos de Paz que serán rubricados el lunes próximo en Cartagena, Colombia, será el inicio de una nueva etapa en la que las Fuerzas Armadas Revolucionarias -FARC- representado por Rodrigo Londoño, alias “Timochenko” y el Gobierno de ese país, hoy presidido por Juan Manuel Santos, concluirán la serie de negociaciones para dar fin a más de 52 años de guerra armada.

Fue durante el primer periodo de Santos en que comenzaron los encuentros con los guerrilleros, después de que la anterior presidencia de Álvaro Uribe pretendía que los miembros de las FARC entregaran las armas sin condición alguna. Motivo para un rompimiento político que, sin embargo, el proceso siguió, alentado por una gran parte de la sociedad, cansada de no poder vivir en paz.

Cuba y Noruega, fueron escenario de los encuentros, bajo el “Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”, en 2012. Conforme al mismo, se establecieron varios apartados de los que destaco: Política de desarrollo agrario integral, Participación Política, Solución al problema de las drogas ilícitas y el de las Víctimas.

Vale la pena leer los compromisos finales en su totalidad, porque contienen elementos para tratar de entender los resultados, porque de ellos depende en gran medida el futuro de Colombia, teniendo como garante al secretario general de Naciones Unidas y con la participación del papa Francisco.

Podríamos dar por seguro que el plebiscito referido será respaldado por la mayor parte de la población –ojalá sea de manera abrumadora-, a pesar del sufrimiento de tantas víctimas de uno y otro lado y de la oposición existente a “perdonar” los crímenes, que durante toda esa época se cometieron. Y no por dejarlos en el olvido.

Si vemos otros procesos de paz que se han dado, específicamente en naciones de América Latina, de una forma u otra se ha buscado dar vuelta de hoja a esas enormes tragedias, que han significado las luchas intestinas, varias provocadas por la existencia de dictaduras, las cuales hoy son repudiadas. Por lo mismo, esta paz favorece a toda la región.

En el caso de Colombia se ha querido ver hacia adelante y por lo pronto, ya ha corrido casi un mes en que no se reportan muertos en algún enfrentamiento. Sin embargo, subsiste otro peligro que será difícil de erradicar, por su propia complejidad: el referido al narcotráfico. Hay evidencias de que éste ha crecido, inclusive en las zonas que controlaban las FARC y que ha aumentado exponencialmente. Por lo pronto parece ser que se ha dado una separación entre grupos de exguerrilleros y los narcotraficantes.

Desde los anuncios de las negociaciones, el desarrollo económico y las inversiones comenzaron a crecer. Faltan dos años del actual Gobierno. La paz en éste y en muchos casos siempre es endeble, pero no deja de ser alentador que formalmente se hayan alcanzado acuerdos, aunque ellos impliquen otros sacrificios, y ya vendrá otra dinámica. Esperemos que los ex guerrilleros estén a la altura con su incorporación a la normalidad de una vida política.