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Combatir contra la globalización es caer en el neoludismo

  • Alejo Martínez

  • Alejo Martínez

Ha sido fundamentalmente el fenómeno de la globalización, auxiliado por los tratados de libre comercio, el que ha impulsado la arrolladora expansión de los intercambios comerciales internacionales y con ellos la expansión de los intercambios de todo tipo, abarcando a casi todo el planeta. Conviene insistir en que la globalización de ninguna manera constituye un producto ideológico, no es una malévola construcción conspiratoria del neoliberalismo. Se trata, como sostendría don Carlos Marx, de un natural producto de la acelerada evolución de los instrumentos y técnicas de los transportes y las comunicaciones.

La mayoría de los países, aún sin tratados de libre comercio (TLCs), multiplicaron durante las últimas décadas de manera asombrosa sus intercambios mercantiles internacionales. La distante China, sin TLC con EUA, nos desplazó como segundo proveedor de bienes y servicios de EU y nos mandó al tercer lugar. Los TLCs han sido solo un instrumento adicional para facilitar el extraordinario empuje propio de la globalización. Ésta tiene su base en el gigantesco incremento de la capacidad de carga de los transportes, especialmente los marítimos y ferroviarios, así como en la sustancial reducción de sus costos.

Los citados factores han generado una novedosa dinámica de producción que —para mejorar bienes y servicios, incrementando calidad y disminuyendo costos, manteniéndose así competitivos en los despiadados mercados internacionales— ha vuelto necesario el que, para elaborar desde los productos más sencillos hasta los más complejos, confluyan insumos provenientes de múltiples países cercanos o distantes pero idóneos para contribuir a integrar un producto de la más alta calidad posible al más bajo costo posible. En el TLCAN se combinan las aportaciones de los tres países integrantes para producir conjuntamente y potencializar así su capacidad productiva y de exportación tanto al interior como al exterior del Tratado.

Como muestra de que no es el TLCAN lo que desequilibra la balanza de cuenta corriente de EUA, constatamos que de los cinco países con los que este año EUA está acumulando sus más elevados déficit, solo con México tiene un TLC. No lo tiene con China, ni con Japón, Alemania ni Vietnam. No son los tratados los que propician sus déficit, sino que se debe a algo de lo que se tiene muy escasa consciencia: una brutal sobrevaluación del dólar que se refleja en que está consumiendo del extranjero mucho más de lo que está produciendo para el extranjero y que ese excedente de consumo por importaciones lo paga mediante el comodísimo mecanismo de imprimir montañas de dólares que voraz e irracionalmente están absorbiendo gran parte de los países del globo.

Lo que está impulsando en mayor medida el desplazamiento de los buenos empleos, son los impresionantes avances tecnológicos con su mecanización, automatización y robotización, junto con la desmesurada sobrevaluación del dólar que opera como una especie de enfermedad holandesa, y no son los indocumentados junto con los TLCs. Como ya lo advirtiera Joseph E. Stiglitz en un esclarecedor y penetrante artículo publicado el pasado 14 de octubre: “El lanzamiento de una guerra comercial con China, México, y otros socios comerciales de Estados Unidos, tal como promete Trump, haría que todos los estadunidenses se empobrezcan más”. Ojalá lo alcanzara a entender.

El problema estriba en que la ostensible tendencia del futuro presidente a agredir, a tratar de intimidar, a desplegar aires de soberbia que pretende ser amedrantadora, lo arrastran a aventurarse en las más riesgosas apuestas, al endeble amparo de una combinación de arraigados prejuicios e irresponsable ignorancia. Pero si ello se combina con la tendencia exageradamente conciliatoria y “concertacesionadora” de nuestro presidente, no se vislumbran buenos augurios para las negociaciones.
amartinezv@derecho.unam.mx

@AlejoMVendrell

El pendenciero temperamento de Trump puede hacer muy mala combinación con el del súper conciliador EPN.