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Comienzan las corridas de huracanes…

  • María Antonieta Collins

  • María Antonieta Collins

Desde Miami

Desde que hace casi treinta años llegué a esta ciudad luego de haber estado en múltiples ciudades norteamericanas como corresponsal he ido entendiendo cómo vivir en la orilla del mar Atlántico significa saber que del primero de junio al primero de diciembre, el estado del tiempo es el que rige la vida de todos los habitantes de la costa este norteamericana.

Llegué con mis dos hijas, entonces niñas, exactamente el 22 de agosto de 1994. La gente corría de un lado a otro y pregunté qué sucedía: me dijeron: “viene un huracán directo a Miami”.

Mi respuesta fue inmediata: ¿huracán? ¡Qué va! Así nos decían en Veracruz siempre y nunca en mi vida he vivido uno.

Fue mi sentencia.

Dos días después estábamos viviendo a “Andrew” uno de los más devastadores huracanes en toda su extensión. De “Andrew” a ahora han pasado veintidós años… y se de meteorología, como todos los que hemos experimentado el miedo de que nos digan: “Ahora sí que este parece enfilado a Miami”.

Cada año nos convertimos en expertos y hablamos del “cono de proyección” de las “zonas de afectación” y de tanta terminología que parecemos meteorólogos certificados.

Cada año también añadimos nueva terminología. Por ejemplo: en esta temporada sabemos que mientras son nubes y lluvia y aun no son depresiones tropicales, son solo siglas: inv. # Que quiere decir investigación número tal…

En fin, que yo siempre las he visto como una corrida de toros. Los vemos salir de Cabo Verde en África hasta que recorren todo el Atlántico, vigilados de cerca, creciendo de tormenta hasta huracán y que se aproximan a llegar a tierra con toda la destrucción a bordo.

Hemos aprendido a conocerlas por nombre y entonces sentimos que nos puede dañar menos. Pero en realidad son corridas de toros donde andan sueltos hasta que le pegan a alguien.

Así estamos ya en esta temporada.

Apenas se da la primera alerta, cuando es posible que todos los modelos de computadora, el de los Estados Unidos y el de Europa se dan a conocer, entonces todos los habitantes costeros no nos podemos despegar de un televisor para poder ver el recorrido.

¿Qué no nos toca directamente en el sur de la Florida, pero que pasara por encima y de largo?

Ahh, entonces son los que viven en las costas del Golfo de México los que tienen que preocuparse y mucho, generalmente porque las aguas cálidas del Golfo los fortalecen hasta hacerles tan destructivos como una bomba lanzada desde lo alto.

También nos hemos vestido de cinismo meteorológico. Los vemos venir por Puerto Rico y comenzamos a rezar a que no se forme nada entre que sale de ahí y se aproxima a las Bahamas:

“Mientras más tiempo pase y menos formación tenga, -dicen los miamenses- más posibilidades hay de que no llegue formado como tormenta tropical a la península floridana y entonces solo sea un fuerte aguacero el que nos llegue a inundar algunas calles, pero que no pase de ahí”.

La realidad es que nos hemos ido preparando con protecciones para las ventanas que son corredizas y que no tenemos que instalar -como antes- una a una y que era una dificilísima tarea.

También sabemos que apenas se llega junio hay que tener linternas, baterías, agua suficiente para tomar y comida para las mascotas.

En fin, que estos huracanes siguen siendo una corrida de toros. ¿Nos llegará alguno? No lo sabemos, pero por aquello de las dudas… hay que estar a salvo.