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Commodities / Pablo Marentes

  • Pablo Marentes

El Mercado, todos los mercados, de materias primas muestran intensa volatilidad. Así los describen los locutores que reportan el movimiento de los precios “de mostrador” de los granos alimenticios del mundo, o los precios de los alimentos en general, en las más importantes bolsas de granos. Volátil significa lo que puede volar, lo que el aire mueve ligeramente, lo que tiene capacidad de transformarse en vapor. En efecto, el precio del maíz, el frijol, el trigo, la cebada fluctúa furiosamente. Y lo que eleva los precios de los granos, es la actuación de los especuladores, expertos en ese menester que practican en las principales bolsas. México padece desde hace varios decenios –tres por lo menos– un déficit en la producción de granos del 15 por ciento. El precio del maíz, el grano alimenticio de mayor consumo aquí, siempre es alto con referencia a los ingresos de quienes lo consumen por costumbre atávica y necesidad. Es el alimento que tiene el menor precio relativo para quienes tienen bajos y rígidos ingresos.

Durante muchos años, anteriores a 1970, los campesinos ejidatarios produjeron el maíz que necesitaban y les quedaban cantidades que permitían que la demanda nacional fuera satisfecha integralmente al sumarse esa producción a la de la agroindustria. Recordemos que el maíz es un alimento original de Mesoamérica y el de mejor calidad es el que se cultivaba en la altiplanicie mexicana.

El crecimiento económico de México es “decepcionante”, afirmó recientemente el Nobel de Economía, Paul Krugman, al venir a México para dar una conferencia en la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación. Comentó que después de 30 años de reformas neoliberales México podría haberse transformado como Corea. “¡Nadie sabe qué pasó!”.

Los mexicanos esperaban el milagro mexicano pero el despegue no llega. La apertura de los 80 trajo más desequilibrios y desigualdad. Eso indica “que el comercio no necesariamente es una buena herramienta para acabar con la desigualdad social”. Han trascurrido veinte años. La población esta frustrada por la larga espera.

Al mismo tiempo Krugman admite que la economía mexicana “no muestra un desempeño terrible”. México experimenta grandes cambios como resultado de liberalizar su comercio y el incipiente reencauzamiento de su economía hacia E.U. México ya es parte del sistema de producción norteamericano. Sugirió que no se aumenten las tasas de interés.

Krugman confesó no estar al tanto sobre las reformas recientes llevadas a cabo en México. Y advirtió de los peligros de la privatización del sector energético como resultado de la reforma del presidente Peña Nieto. “Deben de tener cuidado en otorgar concesiones porque en el mundo ha habido casos alarmantes en los que se han convertido en regalos”. Señaló que algo semejante ha ocurrido en Israel y en los mismos Estados Unidos.

El columnista y premio Nobel de economía es visto en algunos círculos estadunidenses como un no muy acertado crítico de procesos de producción y distribución. Pero aceptan sus críticos que lo leen con avidez los especialistas en el desarrollo de los países emergentes y un amplio número de estudiantes universitarios.

En alguna ocasión señaló que en vísperas del retorno al empleo de las fibras duras naturales para las jarcias de los grandes barcos de carga transoceánicos México pierde el tiempo en la rehabilitación de su producción de fibras naturales, como la del excelente henequén por su longitud y resistencia.

En efecto. Los dos últimos gobiernos de Yucatán optaron por el desarrollo turístico. Los planteles del henequén permanecen enclaustrados en sus centenarias albarradas.