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Cómo bajar la contaminación. Un aporte

  • Jaime Alcántara

  • Jaime Alcántara

Quizá ya haya estado este asunto en la mesa de las discusiones. Tal vez tenga algunos asegunes, para no implementarlo. Ciertamente estamos ante un problema de dimensiones angustiantes.

Veamos si sirve de algo mi propuesta.

Todos quienes por una u otra razón circulamos por la capital, hallamos a diario todo tipo de vehículos. Muchos de entre automóviles, camionetas, camiones, tráileres, tienden a contaminar en mayor o menor medida. Sin embargo, uno de estos tipos de automotores son los que más influyen para que se incremente la magnitud de partículas dañinas.

Me refiero al transporte pesado. A diario, en los noticiarios, no faltan las gráficas que lo demuestran.

Hasta los Gobiernos priístas, en el entonces Distrito Federal, este tipo de camiones no circulaban durante el día. El cambio empezó a notarse a finales de la centuria pasada. Primero como una especie de tolerancia; después, como una constante. No sabemos si fue por hacerle al populista o bien hubo algún tipo de incentivo.

Los vehículos de referencia, solo circulaban de las 10 de la noche a las 06:00 de la mañana. Claro, salvo aquellos que pudieran ser necesarios, como los usados por los bomberos, la Policía; los autobuses turísticos.

Si se retomara aquella práctica, habría varias ventajas.

Una, de beneficio inmediato, sería la mayor fluidez de la movilización vehicular. A nadie escapa la fotografía de diario: camiones, camionzotes, tractocamiones, a un lado de nosotros; bueno, hasta transporte pesado de doble caja (que está prohibido en la mayoría de los países desarrollados), al mediodía y por arterias principales como el Eje Central.

Si, estos, circularan en los horarios anteriores, todo mundo tendría algo que agradecer.

Al dejar las calles de la ciudad, en horarios en los que la gente transita en más volumen, los recorridos serían en menor tiempo. Los contaminantes atmosféricos, por razones lógicas, bajarían considerablemente; el ahorro en combustible, se reflejaría de inmediato en los bolsillos de todos (aún de los dueños del transporte pesado). El tiempo para llegar al trabajo, la escuela, o cualquier destino, se reduciría. El estrés, al que parece que nadie ve, ni siente, tendría una baja sensible, dando una mejor calidad de vida.

Veámoslo, ahora, por la parte empleador/trabajador. Muchos conductores de los vehículos pesados prefieren manejar de noche, por varias razones. Una, el calor no es tan agobiante como en el día. Dos, las llantas (y, como consecuencia, un ahorro), se desgastan menos cuando menos calor hace. Tres, al no haber tanta competencia por las avenidas, este tipo de transporte circularía más rápido o, menos lento, con lo que tendría iguales beneficios que los automovilistas.

Es evidente que uno de los principales problemas es la velocidad con la que transitan los vehículos. Hay horarios pico, en los que no se puede ir más allá de los 20 o 30 km por hora, con todas las consecuencias ya enunciadas. Y allí está el detalle, dijera aquel.

Ahora bien, quienes tengan una opinión diferente pueden argumentar el problema de la seguridad. Pues bien, hay dos ópticas.

Muchos de por sí lo hacen, con los riesgos consecuentes.

Lo otro, corresponde a las autoridades garantizar que la delincuencia no afecte este sensible renglón de la economía. Claro que no es sencillo, pero hay entidades como Chihuahua, donde la inseguridad ha bajado al mínimo. Asunto de emular las mejores prácticas de otras partes, para hacer que la vida del capitalino tenga mejor calidad.

Aquí les dejo, para un mejor análisis.

jaimealcantara2005@hotmail.com