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Compartir la aventura

  • Mujeres en busca de sexo / Celia Gomez Ramos

“Solo habría podido decirte: eres mi amigo, mi buen y querido amigo. Lo siento mucho, pero estoy enamorado de ella. (Con un repentino gesto de fervor) La amo y te la voy a arrebatar como sea, porque la amo,” escribió James Joyce.

Nada mejor que las palabras escritas, para evitar los rostros en las situaciones reales… Sin embargo, surge de inmediato una pregunta, ¿qué sensación deja a una mujer una sentencia semejante? En primera instancia, la adula;aunque ni siquiera se le ocurra un amorío extra al que tiene. Las palabras: amor y arrebatar, parecieran antagónicas y cada una caminar por su lado; sin embargo, dan potencia y fuerza. Entonces, te detienes en la palabra amigo, aquel al que se le hace una declaración que debió callarse, pero resultó imposible…, por la amistad, por el amor. Regresando a la mujer involucrada, aquella sin voz ni voto, probablemente ni siquiera hubiese tenido la oportunidad de leer estas líneas entre varones, y por si fuera poco, resulta que todo lo resuelven ellos, más allá de la decisión de la fémina en cuestión…

De la literatura, siempre me he transportado a la música, y de la música al baile. A veces, es hasta que estoy bailando, en que caigo en cuenta de las letras… Bueno, preferible caer en cuenta bailando (quiero pensar), a caer en cuenta al recapitular sobre lo que dicen, ya habiendo cantado bobada y media o cosas que de ninguna manera estuviera uno de acuerdo en avalar. Otras ocasiones, dan pauta a reflexiones posteriores, como el caso que les platicaré.

Vamos al reguetón y los reguetoneros, con el Maluma Baby, del que poco sabía ciertamente, aunque sea una revolución en Colombia, por supuesto –es originario de Medellín-, y en todo el continente, al que se ha criticado –ya hice algo de mi tarea- por sus letras ‘machistas’. Aunque él argumenta: “No expresan opiniones, sino realidades”…

A mi instructor de zumba se le ocurrió ponernos a bailar la canción “Felices los cuatro”. Muchas ocasiones no entiendo las palabras de las melodías que bailo, les aseguro que lo intento, y cuando escucho algo extraño, siempre pregunto qué dicen… Al final del baile, todos reíamos porque la música es tan pegajosa, los movimientos tan divertidos, ágiles, de brinco, y la letra tan “poco convencional”, que nos generó risa hilarante. A lo hecho, pecho.

¿En serio dice eso? Continuaba yo, en obsesión momentánea. Llegué a casa y busqué a Maluma (Juan Luis Londoño Arias, de 23 años) y su canción. Tiene un par de frases que quiero compartirles, por si no la han escuchado:

“Si conmigo te quedas/ o con otro te vas/ no me importa un carajo/ porque sé que volverás”.

La otra es: “Y si con otro pasas el rato/ vamo(s) a ser feliz, felices los cuatro/ …y agrandamo(s) el cuarto…/ Yo te acepto el trato,/ y lo hacemo(s) otro rato”.

Al ver el video, lo sustantivo no fue la canción, ni actuación, sino el preámbulo para la puesta en escena. Maluma es un cantinero y platica con un cliente, que le dice que ya ha vivido mucho, y que “por cada mujer maravillosa que hay… Hay alguien que está cansado de estar con ella”. De ahí, comienza el reguetón.

De ninguna manera pensaría que estas canciones deberían prohibirse, claro que no. La música nos mueve a los que amamos el baile, y en segundo lugar queda la letra. Pienso sí, que debemos ser conscientes de lo que las canciones dicen, la música de banda, los corridos, la champeta, el reguetón… Y pienso que debemos hacerlo, tanto por diversión, como para percatarnos del mundo sobre las realidades existentes.

En plática con una de mis compañeras bailadoras, ella comentaba sobre la frase preámbulo en el videoclip: -Supongo que les sucede a ellos, pero también a ellas. Eso es evidente. Conocernos en las rutinas acaba por aburrirnos, conocer nuestras manías. Claro que podría ensayarse por cada parte una relación alterna, pero también cosas distintas con nuestras parejas, me dijo.

La verdad es que si decidimos compartir con alguien toda la vida, que a veces es mucha, debemos como primer ejercicio de subsistencia, aprender a ser otros a los que somos nosotros mismos, de tiempo en tiempo y compartir el espíritu de aventura, y en ello, pueden caber muchas, muchísimas cosas.

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