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Comunicar, no manipular / Alejandro Díaz

  • Alejandro Díaz

No todo lo que vemos en los medios necesariamente es verídico y exacto. Textos e imágenes muchas veces hacen creer una ilusión que se acerca a la verdad sin ajustarse completamente a la realidad. La Comunicación es una ciencia aunque no siempre se use éticamente. Se usa para divulgar lo que se hace, pero con mala fe también para reforzar los argumentos propios o para denigrar al adversario. Antes de aceptar ningún mensaje hay que investigar, analizando con malicia y astucia.

Siempre comprobar un mensaje antes de asumirlo como cierto, y antes de reaccionar. No debe ignorarse o desecharse sin análisis, pero el no hacer nada cuando se espera reacción, también comunica: el silencio o la inacción muestran incapacidad o falta de carácter. A veces hay un mensaje a la autoridad y ésta lo ignora. Como si no se diese cuenta que las dificultades pueden crecer enormemente. Recién hemos visto lo mal que se vio el Gobierno federal con su silencio: Ayotzinapa creció hasta rebasar las fronteras, y Donald Trump siguió con sus bravatas hasta que dos exPresidentes mexicanos las contestaron. Cuando el Gobierno federal reaccionó al mensaje de odio y racismo del precandidato republicano, ya había encontrado eco en parte importante del electorado norteamericano.

Vamos a ver ahora la reacción que tendrán los funcionarios federales cuando los parientes del “Chapo” Guzmán los señalen como receptores de cantidades importantes para colaborar en su reciente fuga. Hasta el momento todo mundo guarda prudente silencio porque no se han dado a la publicidad nombres. Pero lo dicho ha cundido en los medios como incendio en pradera seca, y para cuando se intente minimizar será difícil convencer a la opinión pública.

El caso Ayotzinapa le costó bien caro al Gobierno federal por su silencio. Dijeron que era un caso claro del orden local y ellos no debían intervenir; pero les volvió como boomerang. Con todo lo que han intentado después (declaraciones, cambio de gobernador y de procurador, varias investigaciones, etc.) no han logrado recuperar la credibilidad. En hechos distintos posteriores la gente ya no les da el beneficio de la duda.

Si los gobernantes y sus comunicadores creen que tienen de su lado la credibilidad popular, están muy equivocados. Las declaraciones, aún no probadas, de que “El Chapo” financió a varios políticos han proliferado en las redes sociales dándolas por verídicas. Les han creído más a parientes del criminal que a la comunicación oficial.

Pocos articulistas han abordado el tema, pero ninguno niega su veracidad, prácticamente todos suponen que se darán anuncios impactantes. La credibilidad gubernamental está al mínimo y para cuando se conozcan los cheques y quienes los recibieron, el Gobierno federal tendrá muy poco campo de maniobra.

Los responsables políticos y sus comunicadores están en entredicho por sus declaraciones y sus omisiones, están obligados a enderezar el rumbo si quieren que no fracase este Gobierno. Deben recordar que el compromiso del buen comunicador es con la verdad y que no pueden dejar dudas. La ausencia es mala consejera, pero informar mediante artilugios y medias verdades -o peor, con mentiras completas- es intentar repetir a Goebbels.
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