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Con valor y con verdad

  • Gustavo Rentería

  • Gustavo Rentería
  • Enojados y fregados

Como sabemos, la carrera rumbo al 2018 inició desde que bajó su brazo derecho el presidente Peña Nieto y dijo “sí protesto”; justo en ese momento empezó la cuenta regresiva de su Gobierno y la sociedad empezó a observar a los posibles sucesores.

Y como sabemos también, por experiencia repetida, los triunfos y las derrotas en la vida, y en la política en particular, no son para siempre; por eso se equivocan los entusiasmados tricolores que aseguran que regresaron por 80 años más, como también se equivocan los que lo dudan después de las elecciones de este año.

En fin, falta mucho, y al mismo tiempo muy poco para conocer a los candidatos oficiales, aunque ya sabemos los nombres de los suspirantes. Antes de ese proceso histórico de renovación del titular del Ejecutivo, junto con la totalidad del Congreso Federal (500 diputados y 128 senadores), hay una aduana fundamental: las elecciones en Nayarit, Coahuila y el Estado de México.

Quien gane la tierra de Peña Nieto en el 17, ¿ganará las elecciones federales en el 18? Sin duda ese proceso es fundamental, importante y determinante, pero bajo la premisa fundamental de que nada es para siempre (triunfos y derrotas); nos falta mucho por ver aún.

Pero más allá de si mantiene el PRI-Verde-PT-Nueva Alianza el poder; o se lo arrebata el PAN o Morena, lo verdaderamente importante es qué modelo de nación queremos; qué deseamos los mexicanos para México, y qué queremos alcanzar como país.

Es decir, creo que millones de gobernados y votantes hemos caído, una vez más, en el vulgar juego de los políticos y de los partidos, en lugar de reflexionar a qué aspiramos, hacia dónde vamos y después escoger a la persona.

¡Sí, respetado lector, primero el qué y después el quién! Si seguimos en la estupidez nacional de quién será el salvador de la patria, que si este color se fregará al otro, y no nos concentramos en la planeación de qué queremos para los nietos de nuestros nietos, estamos condenados a continuar en el tercer mundo.

Los mandatarios son nuestros empleados; nosotros somos los mandantes y ellos, nuestros mandaderos. Entendámoslo ya, porque nuestra relación está  desvirtuada de origen: aquí en México, quien alcanza un puesto público, se saca el gordo de la Lotería y manda sobre quien le paga su sueldo y lo mantiene como virrey. Insisto, en las verdaderas democracias es al revés.

Aún tenemos tiempo, pensemos en qué es lo que le conviene a México, y después nos preocupamos del nombre y apellido. La ecuación es muy sencilla, si no nos aplicamos, seguiremos siendo víctimas de los mismos de siempre, que seguirán haciendo lo de siempre, y nosotros, seguiremos como siempre: enojados y fregados.
*Periodista, editor y radiodifusor

@GustavoRenteria / www.GustavoRenteria.mx