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Concentración del ingreso: hipótesis explicativa del fracaso de la estrategia keynesiana

  • Alejo Martínez

  • Alejo Martínez

El hoy famoso “rock star” de la economía, Thomas Piketty, advierte en su comentada obra “El capital en el siglo XXI”, que en todo país existen fuerzas de convergencia y fuerzas de divergencia. Considera que la principal de las de convergencia es la de difusión de los conocimientos, la cual depende de las políticas educativas, mientras que las fuerzas de divergencia radican esencialmente en el proceso de distanciamiento de las remuneraciones más elevadas respecto al resto de las otras, y por otro lado en el proceso de concentración de patrimonios en un mundo caracterizado por un débil crecimiento económico global con elevados rendimientos de capital. Sostiene que este último proceso es el más amenazador y que al acumularse ambas fuerzas divergentes, podrían conducir a niveles hasta ahora desconocidos de desigualdad. Y eso es mucho decir.

En particular la segunda fuerza divergente se explicaría por una premisa fundamental de la que Piketty parte para sus análisis: que la tasa de rendimiento de capital (r) está siendo significativamente superior a la tasa de crecimiento de la producción y del ingreso (g). Cuando el capital crece más rápido que el conjunto de la economía, resulta lógico que los propietarios del capital vayan concentrando cada vez mayor riqueza, en detrimento de la que queda disponible para el resto de la población, con excepción de la que acaparen los altos mandos muy bien remunerados que se ubican en la primera de las fuerzas divergentes.

Si bien es cierto que en el histórico proceso de avances tecnológicos, los trabajadores desplazados por tales adelantos habían podido venir encontrando nuevas fuentes de ocupación generadas por las mismas innovaciones de producción, todo indica que esa dinámica no podrá ser eterna. A medida que avanzan tales innovaciones mediante mecanización, automatización y robotización, el capital tiende a reproducirse a sí mismo con cada vez menor participación del trabajo humano, y aunque surgen nuevas ocupaciones, no únicamente resultan por completo insuficientes para dar cabida a las masas desplazadas, sino que también estamos presenciando un fenómeno muy preocupante:

Con anterioridad, el personal integrado en ámbitos laborales rezagados o de menor productividad, o aún trabajadores industriales desplazados podían, con capacitación de corto plazo, incorporarse o reincorporarse a los sectores económicos de mayor rentabilidad y dinamismo. Había constantes ascensos ocupacionales. El problema es que ahora el personal rezagado o desplazado difícilmente encuentra oportunidades para insertarse en las áreas más pujantes y rentables, en las postindustriales o del conocimiento porque ya no basta con una breve capacitación. Ahora es imprescindible contar con sólida formación académica para cada vez más escasos y más competidos puestos. Hay constantes descensos ocupacionales y de ingresos.

Por ello parece razonable plantearse la hipótesis de que esa marcada tendencia a la concentración del ingreso, acentuada desde los 80s, constituye un factor central que contribuye a explicar el por qué no está funcionando hoy la contracíclica receta keynesiana de combatir las tendencias recesivas mediante el incremento en el gasto público, aún a costa de endeudamiento. Una diferencia esencial con respecto a la crisis que estallara en 1929, radica en que ésta propició una considerable reducción en la concentración del ingreso (como puede apreciarse en los estudios de Piketty), mientras que con la crisis estallada en 2008 todo parece indicar que la concentración del ingreso no ha sido alterada o quizá, hasta es posible que continúe en aumento.

Esa tendencia a la concentración del ingreso pudiera ser que esté obstaculizando el que el incremento en el gasto público permee hasta alcanzar a las grandes masas de población, para fortalecer su capacidad de compra, en razón de que esté siendo acaparado en gran medida por las grandes y modernas empresas mecanizadas y automatizadas, que obtienen la parte sustancial de los contratos suscritos con los aparatos gubernamentales de los diversos países que han estado siguiendo la estrategia keynesiana. La perseverante debilidad de la demanda agregada estaría entonces figurando como factor central que contribuiría a explicar el persistente estancamiento económico. Aquí está el gran desafío que enfrentan con mayor agudeza los países desarrollados, aunque también en menor medida los subdesarrollados.

amartinezv@derecho.unam.mx @AlejoMVendrell

La concentración del ingreso acapara el gasto público excedentario y restringe la demanda agregada.