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Confundir los apetitos

  • Mujeres en busca de sexo / Celia Gomez Ramos

“Lo que oculto por medio de mi lenguaje lo dice mi cuerpo”

Roland Barthes
Seguramente de la frase anterior se valen muchos observadores de la conducta humana, psicólogos o investigadores, que buscan traducir los movimientos, nerviosismo, postura,sudoración, en alguna entrevista. Advertir y traducir los signos visuales…, sobre todo aquéllos que se contraponen a las palabras emitidas, aquellos que generan algún “ruido”. ¡Entrenamiento inminente! Tal vez mucho lo hacemos nosotros en nuestro quehacer cotidiano, como periodistas. No obstante lo que hagamos nosotros, únicamente sirve para presentar o mostrar un entorno, obviamente, muy subjetivo y del instante mismo, provocando revivirlo… Lo que el lector recuerde o retome, será de acuerdo a sus referencias.

Sin embargo, también puede ocurrir que aquello que el lenguaje oculta sea algo más personal y no tan notorio con el simple correr de nuestra mirada, en revisión del otro: Una somatización, por ejemplo, que es más difícil de explicar, tanto por parte de psicólogos, investigadores y más complejo aún, para los periodistas; porque incluidos los médicos, en muchas ocasiones tampoco lo identifican.

Todo es nada, y nada también puede serlo todo.

La percepción primera, podríamos negar frente a lo que es el dicho común de publicistas, nunca es la realidad (pongámosle “casi” a ese nunca).

Y es que la cantidad de señales que atraen nuestros sentidos, tiende a confundirnos, de acuerdo al momento que estemos viviendo y a nuestra historia, y eso, eso siempre ocurrirá.

Haciendo un ejercicio con mis amigas, estábamos en un simple intento por calificar para cada una, cuál de las siguientes palabras tenía más peso, pensando yo, sin saber las demás, que las había ordenado en ascendencia.

Tienes antojo, ganas, deseo, hambre, necesidad, apremio, urgencia. Y les pregunté, ¿cuál de estas palabras tiene más o menos peso? En qué orden las pondrían, y de qué se podría tener urgencia, apremio, necesidad, hambre, deseo, ganas, antojo, además de comer, beber, consumir alguna droga.. Será acaso de comprar algo, de bailar, de tocar, de sentir, de tener sexo así nomás o con alguien específicamente… ¿De qué?

Fue divertido, porque ninguna de las siete que somos, y miren que entre nosotras nos conocemos bastante bien, las acomodó de manera igual. Fundamentalmente colocamos en orden distinto: hambre, ganas, deseo, apremio y necesidad. Cinco, de las siete palabras. Lo que nos demostró que las sutilezas con que percibimos esas cinco palabras, son muy diversas. Incluso la palabra ganas, llegó a tener lugar, hasta después de hambre. Lo que son las cosas.

Florencia, amante de la cocina, pues su padre fue chef durante muchos años, nos salió incluso con toda una gama de emociones más, para agregarlas a nuestras siete palabras, relacionadas a la cuestión de ingerir alimentos. Aquella hambre que se da por los ojos, otra a partir del olfato, una más relacionada con la boca (la que gusta de probar constantemente los distintos aromas, texturas, sabores o composiciones de algún platillo extraño). El hambre de estómago, una que es desmedida, generada por ansiedad; otra llamada ‘celular’, que es aquélla ‘urgente’, por ser cuestión de supervivencia; una de mente o de pensamientos, que tiene que ver con condicionamientos como el hecho de ingerir alimentos energéticos, sin mucha sal, no consumir azúcar, toda esa sanidad corporal-alimenticia. Y en el último tipo de hambre de la que nos habló, fue una del ‘corazón’, todas inferimos que se trataba a cuestiones amorosas, y de alguna manera sí, pues es la que se siente por un vacío emocional.

Finalmente, nos dimos cuenta que todo se relaciona con todo, y más en cuestiones alimenticias como corporales (amatorias), y que bien podíamos comenzar por un buen antojo, hasta terminar con una gran urgencia, independientemente de la gama de palabras y sutilezas que pudieran existir entre los extremos.

¿Ustedes qué opinan? ¿Se someten al rigor de los extremos, saltándose el medio (la carne) o prefieren mantenerse en el medio y comenzar con el hambre? Nosotras decidimos a fin de cuentas, confundir los apetitos. Todo puede ser cuestión alimenticia, y en cualquier sentido.
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