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Consideraciones

  • Aarón Irizar López

  • Aarón Irízar López
  • Planear hoy significa mejor vida mañana

 

Después de largos meses de análisis, consulta y deliberación sobre cómo deben ser las ciudades en el siglo XXI, finalmente se llevó a cabo del 17 al 20 de octubre en Quito, Ecuador, la Tercera Conferencia Mundial de ONU Hábitat III. ¿Cuál es la importancia de ello?

En primer lugar, recordar que 2 de cada 10 habitantes del mundo habitarán en zonas urbanas en el 2030; en segundo lugar, aunque las ciudades solo ocupan el 2 por ciento de la tierra aquí es donde se genera el 70 por ciento de la riqueza y, en tercer lugar, porque la urbanización significa un desafío a los efectos del cambio climático, pues en estos lugares se consume el 60 por ciento de la energía mundial y se genera el 70 por ciento de los gases de efecto invernadero (GEI) y el 70 por ciento de los desechos. Como se advierte, la magnitud de la tarea por realizar es enorme.

Lograr una mejor calidad de vida para las generaciones futuras, lejos de ser una carga, debe ser un reto entusiasta para que, de la mano con las tecnologías de la información y la comunicación, nuestras niñas y niños tengan un mundo más incluyente, sustentable y resiliente.

La Nueva Agenda Urbana es el conjunto de lineamientos a los cuales convoca la Declaración de Quito para lograr Ciudades Sustentables y Asentamientos Humanos para Todos, la cual reconoce como desafío común hacia el 2050 la duplicidad de la población urbana.

Entre las metas concretas para materializar estos anhelos, propone que el suelo tenga como eje una función social, que su uso sea mixto para diseñar estrategias de extensión urbana planificada con un sistema de alimentos, es decir, crear un círculo virtuoso entre el campo y la ciudad en materia de autoabastecimiento.

Todos sabemos que los riesgos por el cambio climático imponen la necesidad de innovar técnicas para un campo más eficiente que asegure el abastecimiento de alimentos y a la vez se cuide la provisión de agua potable. La apuesta es asegurar una completa coherencia entre el crecimiento de las ciudades y el desarrollo rural. La clave, insisto, está en el uso mixto de la tierra, en un manejo estratégico de los recursos naturales en la nueva gobernanza multinivel.

Recordemos que en la actualidad la seguridad alimentaria de muchos países sigue siendo una tarea por cumplimentar y al mismo es sinónimo de una gran huella ambiental, pues la industria agroalimentaria sigue siendo responsable del 30 por ciento de las emisiones de GEI. Tampoco existe seguridad de que en el 2030 haya abastecimiento de agua potable para el 40 por ciento de la población mundial. Por estas razones importa planear ciudades policéntricas que estén interconectadas a fin de que la gente tenga accesibilidad a los servicios de alimentación, educación, salud, recreación y laborales, más cercanos y en uso de un transporte eficaz y digno.

Desde luego, no podemos dejar de lado al campo y la cadena que se genera en la industria agroalimentaria -cuyo valor en el mundo asciende a cinco trillones de dólares americanos y es responsable del 40 por ciento de los empleos en el mundo- debe sumarse a las necesidades de las ciudades del siglo XXI, por ejemplo, con los huertos urbanos orgánicos que empiezan a proliferar.

En América Latina vivimos una gran paradoja, si bien se superó el desafío de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) que en la década de los años 90 registraba un 14.7 por ciento de la población con hambre, hoy apenas registra un 5.5 por ciento; del lado opuesto, encontramos un 34.4 por ciento de los adultos con obesidad y un 7.1 por ciento en la niñez.

En nuestro país la cifra tampoco es alentadora, el 9 por ciento de niñas y niños menores de 5 años tienen sobrepeso y el 32.8 por ciento de los adultos padece obesidad, estas son razones muy importantes para abonar con acciones concretas a materializar la Nueva Agenda Urbana, retomando su propuesta de movilidad urbana sustentable, que hace de la bicicleta y del transporte público los grandes aliados del peatón. ¡Tenemos que caminar más y ejercitarnos!

Si difundimos estos principios y nos apropiamos del espacio público como sede por excelencia de la vida común, no solo encontraremos beneficios en la salud, sino en la calidad de vida al tener urbes menos congestionadas y contaminadas por los vehículos motorizados.

Reinventemos nuestro sentido de ciudadanía, por ello, demos la bienvenida a la implementación de la Nueva Agenda Urbana a través de la modernización local de la legislación del desarrollo urbano; adoptemos patrones para el uso eficiente de la tierra y generemos nuevos mecanismos de financiamiento desde lo local.

Ciertamente no todos generamos el problema, pero sí somos todos, la solución.

* Senador de la República por el Estado de Sinaloa.

Twitter: @AaronIrizar

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