imagotipo

Constelaciones | Entre Piernas y Telones | Hugo Hernández

  • Entre Piernas y Telones : Hugo Hernández

* Un montaje que no hay que perderse

Seguramente más de uno de nosotros, y en más de una ocasión, habrá tenido el deseo de haber tenido una segunda oportunidad para cambiar un momento de nuestra vida, que no nos haya gustado.

Desafortunadamente este deseo es imposible de cumplir. La vida no da segundas oportunidades. Cada instante de la existencia es único e irrepetible. Pero, ¿qué sucedería si no fuera así?

Para descubrir esta posibilidad la opción ideal es la obra Constelaciones, una puesta en escena impactante, con la que José Manuel López Velarde (autor entre otras obras de Mentiras y ¡Si nos Dejan!) reitera que no solo es un prolífico dramaturgo, sino indudablemente un director arriesgado y propositivo, amén de versátil, detallista y por supuesto creativo y talentoso.

Constelaciones es un montaje redondo. Maravilloso por donde quiera que se le vea: el texto, la propuesta dramatúrgica, el montaje, la escenografía, las actuaciones, la iluminación… Y prueba de ello son los agotados permanentes que hay para ver esta puesta en escena que se presenta en la tan de moda Teatrería, en la colonia Roma.

Escrita por Nick Payne, Constelaciones cuenta la historia (o las varias y posibles historias, habría que decir) de una pareja (Mariana y Rolando), el momento en que se conocen y los diversos rumbos que podrían tomar sus vidas, dependiendo del camino por el que optaran transitar.

Nada fácil la puesta en escena que repite una y otra y otra, y otra vez la anécdota, con variaciones, para mostrar qué hubiera pasado si esto, o aquello, o eso de más allá.

¿Cómo saber si lo que estamos viviendo es la única realidad posible? Mariana y Rolando no lo saben, no lo ven, pero el público sí, y de ahí el impacto que deja y el partido que tomamos, pues cada espectador puede llevar la historia por el camino que más le guste.

Bravo a Jorge Ballina, quien una vez más vuelve a sorprendernos con un trabajo escenográfico brillante.

Y una ovación de pie para Mónica Huarte y Nacho Tahhan, los dos actores que materialmente atrapan al público con un trabajo detalladísimo, cuidado, entregado, milimétrico, en el que no hay lugar ni para el más mínimo titubeo. Todo es exacto, pues de otra manera no fluye.

He visto a Mónica en decenas de trabajos y comparto con ella su apreciación de que ésta es su actuación mejor lograda. Estupenda, diría yo.

Y a Nacho, a quien no había visto antes, también mi felicitación.

Constelaciones es uno de esos montajes que los amantes del teatro, no deben perderse por nada del mundo.

* Y sin embargo nos quedamos con la historia

La imaginación ha sido un buen motor en la ciencia y no cabe duda que los avances científicos detonan en el artista sus impulsos creativos. Según entiendo, los componentes más pequeños del universo tienen un comportamiento que, aplicados a la vida diaria, llevan a conclusiones casi contrarias al sentido común. La anécdota de Constelaciones es muy sencilla: un hombre y una mujer se conocen. A partir de este suceso, ambas vidas, pueden cambiar, seguir igual, si cambian, ¿es una vida en común? Si es una vida en común, ¿permanecen juntos? ¿Se separan en otro momento? ¿La separación es ocasionada por una traición de él? ¿O de ella? ¿Se reencuentran? ¿Se vuelven a separar? Yo, como espectador, termino preguntándome, ¿qué hubiera pasado si hubiera tomado tal o cual decisión? ¿Cómo sería mi vida? ¿Existe otro yo en un universo paralelo viviendo la decisión contraria y todas las posibilidades de vida que he tenido?

La obra transcurre en una sucesión de escenas, donde una decisión lleva a un universo, pero también si la decisión es distinta, los llevará a otro universo. Una palabra o un modo de decirla, cambiará el resto. El ejercicio actoral es brutal, porque regresan del un final al principio constantemente teniendo que partir de cero. Sin transiciones, todo de golpe. Mónica Huarte (también coproductora del proyecto) y Nacho Tahhan (que en mi vida había visto) son unos grandes atletas. En primer lugar Nacho Tahhan, un pedazo de actor escondido en la televisión y no sé qué otras actividades, se estrena en el teatro mexicano con un proyecto de esta naturaleza y alcanza unos niveles de verdad sorprendentes. Me voy a detener en Mónica, porque como en Lobos por Corderos, vuelve a tocar ese género que no es su zona de confort, con un texto que ofrece grandes retos y riesgos. Debo de confesar que sale más que airosa. Uno sale agradecido de ver este trabajo, porque nos entregan la historia de manera fácil. Nos quedamos con la historia, con la reflexión y no con la excelente dirección de José Manuel López Velarde, ni con la brutal escenografía de Jorge Ballina. Todos estos monstruos escénicos están ahí y sin embargo, nos quedamos con la historia, con el texto de un joven inglés nacido en 1984: Nick Payne.

No sé si exista otro yo u otro tú en un universo paralelo, pero si vives en este universo del Distrito Federal, toma la decisión de ver Constelaciones en La
Teatrería, Tabasco 152, colonia Roma.

/arm