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Construir nuevas nostalgias

  • Camilo Kawage

Fareed, treinta y nueve años

1.- So riesgo de que nuestros hijos, por verse inmersos en estos días de choque, cataclismo y angustia que marcarán su época como pocas otras, ignoren que a los viejos nos cupo la fortuna de ver pasar –y a algunos el privilegio de presenciar- otras no menos memorables por las razones contrarias –de reconciliación, de siembra y de construcción de futuro-, vale de vez en cuando dejar de lado la atronadora estridencia de los figurines que se adueñan de un instante en este diario desgaste inútil en que, a fuerza de repetirse, parece volverse la tortura básica de nuestra dieta. Recoger efemérides y ausencias que regalen un poco de luz en horas inhóspitas.

2.- El 15 de junio se ajustó el XL Aniversario de las primeras elecciones en España tras un largo ayuno de cuatro décadas, de una guerra que no dejó pasto sobre tierra primero y de dictadura absoluta después; que marcaron un parteaguas ejemplar para el mundo, y cuyos frutos cultivan aún los españoles con orgullo admirable, a pesar de no pocos intentos por estropearlos. En un ejercicio rara vez visto de oportunidad, osadía, talento, imaginación y voluntad, el nuevo rey juntó a las mentes más brillantes de su tierra y emprendió la titánica travesía de llevarla sobre algodones al estadio magnífico de la democracia pujante, próspera y entusiasta que blandió lo mejor de sí.

3.- Con Adolfo Suárez, el estadista non que operó la transición al frente de los mejores genios de la política, España corrió el camino de la reconciliación consigo misma y con el mundo en el tiempo récord de un año y medio, que transcurrió de la muerte del Caudillo; la asunción del joven monarca que tenía un sueño; la puesta en marcha de la hoja de ruta, a las elecciones generales que dieron luz a las Cortes que redactarían la Constitución de 1978. Ahí se fundieron los equilibrios de izquierda y derecha cuya apasionada moderación hizo posible la España nueva.

4.- Vuelto de la clandestinidad el Partido Comunista, su líder Santiago Carrillo, y la novedad en el Socialista de un astuto sevillano de nombre Felipe Gonzalez, el júbilo de dar forma a una España nueva cohesionó a toda la nación y a todas las nacionalidades que la integran, y que han amagado con descomponerla desde entonces; los vascos con su terrorismo insulso antes, y la banda de aventureros que gobierna Cataluña y quiere extraviarla, ahora. Por México pasaron todos en esa fulgurante época que hoy revive, y el acontista estuvo ahí para atenderlos, de Doña Sofía y el rey para arriba.

5.- Con su propio brillo en otra impronta perenne de la historia cercana, se ha apagado estos días Helmut Kohl. Jefe de gobierno de Alemania de 1982 a 1998, a ese teutón en todos los sentidos se debe la unificación de lo que la brutal guerra partió en dos países, y la hazaña no de achicar la parte poderosa y próspera occidental a la minusválida fracción soviética oriental que rigió a sangre y fuego entre otros Erich Honecker, sino de sumar ésta a la altura de la enorme potencia que es hoy Alemania, gracias a él. Quién dijera, días de Reagan, Thatcher, Mitterrand y Gorbachov que afianzaron un mundo menos hostil, y una Europa pareja, sólida y unida como no se ha visto nunca.

6.- Huelga cualquier comparación en estas fechas de ruptura y de competencia por el título del más promiscuo. Se vale solo la remembranza para aquellos afanes ansiosos de soñar de nuevo, para construir nuevas nostalgias, que a los hijos de los nuestros les inspire una cierta idea de la grandeza humana, ésa que siempre nos llenará de orgullo.
camilo@kawage.com