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Contra la tentación totalitaria

  • Camilo Kawage

1.- La solidez de la democracia hace círculo virtuoso con la fortaleza de los partidos que deben proveer y nutren el equilibrio de la política y las tendencias que, a su vez, modera el extremo de las intolerancias. Cuando los partidos pierden derrotero, ideología y doctrina, diluyen insumos básicos de la credibilidad y la confianza, y se debilita así la maquinaria democrática. Es entonces que cobra fuerza el virus del extremo, se rompe el orden político y se abre la puerta del totalitarismo, como sucede en Venezuela, donde el semidiós elegido en las urnas ha burlado todo principio y afianza su tiranía sin temor a freno alguno.

2.- Gran misión por el abasto soberano, es el nuevo nombre de los vales de comida con que el dictador bolivariano ha remplazado la anterior gran tarjeta de la patria que parece que la inflación, cercana al 1700 por ciento, ha también engullido. A la población que sale a las calles desesperada por falta de comida y desafiando ser aplastada o fulminada por la macana y los gases de la policía, le llama oposición de la derecha titeretada por el imperialijmo. A las sanciones que ha impuesto Estados Unidos a los altos jueces de la corte -ésos que validan sus ukases, suplantan al congreso y ejecutan su voluntad- su ministra libertaria de las relaciones exteriores llama atentado unilateral contra la soberanía del pueblo.

3.- Sin rayar en esos límites del absurdo, básicamente por tratarse de democracias de rancio cuño y de sociedades altamente educadas, el fenómeno llama la atención en varios países de Europa donde sus partidos socialistas tradicionales han prácticamente desaparecido o se hallan en vías. En Francia, el partido del presidente en funciones, cepa de figuras como Rocard y Mitterrand, quedó borrado del mapa, arrollado por la ultraderecha impresentable. En España, el partido de Felipe González va camino al petate por la llamarada de unos peladitos llamados Podemos.

4.- Con la pertinente aclaración de que esos peladitos son discípulos altamente diestros de la manipulación dialéctico doctrinaria y se expresan con una soltura y un desparpajo sorprendentes, sobre todo en un país precursor del arte del estilo y la ciencia del lenguaje, y aun así tienen de cabeza a los propios socialistas de calado. La referencia ocupa siempre que se ofrece subrayar la importancia en México de un fuerte partido socialista, que aglutine el ideario, la convicción y la directriz de una parte importante de nuestra élite política para contribuir al equilibrio y la solidez de la democracia. El PRD ha intentado varias veces pasar de camarilla callejera a partido político, pasando por llave de tuercas de liderazgos que se han servido de él más que al revés.

5.- Si no lo ha logrado por falta de ideario, convicción, directriz o élite dirigente da para otro párrafo, pero a la mesa de nuestro país le es necesaria la pata de un partido de izquierda sólido, atractivo y consistente que, junto con los otros establecidos –tampoco viene al caso el estado crítico de nuestro partido de derecha, y el de centro tan autogolpeado-, inspire a la ciudadanía la certeza y credibilidad que evite caer en la tentación totalitaria de la demagogia desmedida y el supremo culto al ayatola. Cierto que los pueblos necesitan sacudidas de vez en cuando, pero el nuestro no merece una como la que amenaza el sacro imán que nos dará vales de comida en su gran misión por el abasto soberano.

6.- De infalibles venerables estilo Trump, Le Pen, Maduro, Iglesias no queremos más ejemplos. México precisa partidos políticos fuertes pero, sobre todo, líderes y estadistas de su tamaño.
camilo@kawage.com