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Convocar el instante

  • Mujeres en busca de sexo / Celia Gomez Ramos

“Había dicho: No amaré más.

Y tu primera mirada traspasó

de golpe los diez mil días de mi vida”

Alfonsina Storni

Por qué, si esta frase de Alfonsina es como para refundarse a uno mismo, ¿la vida es más compleja que eso? ¿Será que las palabras forman sencillamente ideas, como tales son complejas; y sujetarlas implica mucho más, tejido en el tiempo?

La construcción de las ideas con palabras puede ser rara, pero más todavía, encontrar los significados plenos a partir de letras. Éstas, bien nos pueden dejar al borde del abismo, inermes…, o también ilesos. Los términos medios vienen sobrando, es decir, toda esa gama de grises.

¿Se puede querer tanto, y hasta dónde? ¿Desde el romanticismo o desde la practicidad?

Hablar de cuestiones prácticas y cotidianas hace que el romance y palabras como las de Alfonsina Storni, suenen a sarcasmo en la agitación diaria, en la búsqueda por tener y competir. Parecieran imposibles, dignas apenas de espíritus estoicos, fuera de moda. Por eso el amor en estos tiempos, es sin lugar a dudas, lo más revolucionario.

¿Hacia dónde caminamos entonces? Nos preguntábamos mis amigas y yo, pues pareciera que la claridad y la sensatez, nada tiene que ver con el amor; con ese instante preciso en que lo único que te importa es lo que sientes en el organismo. Instante, no comulga con vida. ¿Cómo mantener la intensidad?

Debo decir, que todo esto surgió de un estudio realizado por la UNAM, del que nos habló Lucrecia en nuestra última convocatoria. Esta investigación, que tiene tres años, nos dijo, le llamó mucho la atención, porque entre las conclusiones señalaba que un hombre desempleado, rompe el modelo de masculinidad impuesto, y peor todavía, que el haber perdido su poder económico, afecta su salud, su vida social y también la sexual.

Decidimos entonces ir por partes, y nos hicimos una pregunta inicial: ¿De quién es el problema?, del que se queda sin trabajo o del que aún lo tiene, si es que lo tiene. ¿De los dos?

La mejor manera fue pensarlo para nosotras mismas, y así saber a qué estábamos dispuestas o impuestas. El hecho de que el varón con el que compartamos se quede sin trabajo, no habría de ser problema, y les diré que coincidimos todas, pues creemos que nuestras elecciones han sido acertadas, al menos en ese punto. Y si tenemos una pareja, no tenemos vaquetones al lado. Simple, se quedó sin empleo y ya. A darle los dos.

Al parecer, para los varones funciona distinto según el estudio, pues dice que incluso el hombre que pierde el empleo, pierde incluso la erección. Nosotras nunca nos habíamos puesto a pensar en el binomio: empleo-erección, desempleo-flacidez. Pero sí entendemos que el estrés de un hombre puede ser mucho por no conseguir trabajo rápidamente, y que puede comenzar a afectarle el qué dirán. Círculo vicioso, en una sociedad que nada da.

También puede ocurrir como con una de mis amigas, Carlota, que es muy hábil para los negocios y tiene una pareja que la alienta. No obstante él también trabaja, sus ingresos son inferiores. Ese no ha sido motivo de problema entre ellos, habrán de tener otros. Cada quien hace lo suyo y se complementa. El problema es cuando no se completan uno a otro.

Otro punto fundamental para el hombre, el poder que da el trabajo y la idea ancestral de ser proveedor. Tal vez las mujeres no nos sentimos proveedoras, aunque en muchas ocasiones podamos serlo. El no sentirlo puede ayudar a no estresarnos tanto, comenta Florencia. Ella también considera que en el tiempo que vivimos, tanto hombre como mujer queremos poder, y que difícilmente alguno estaríamos dispuestos a dejarlo, como tampoco la posibilidad del reconocimiento, que nos permite codearnos con otros, trabajar, tener pares y no quedarnos en casa. En eso estuvimos de acuerdo. Ninguna queremos quedarnos en casa.

Ahora bien, eso de que la pérdida del poder económico cruce por la sexualidad, pues también concluimos que es tanto para varones como para mujeres. Trabaje la mujer o no, pero más, si está acostumbrada a trabajar fuera del hogar. Como género humano necesitamos reafirmarnos, no solo frente al otro, sino frente a los otros.

Pobres hombres y pobres mujeres que nos vamos emparejando en roles, y no nos hallamos. Si no fuera por la magia de los instantes, esa en que camina la mente y nos perdemos en las sensaciones de las palabras y del cuerpo. Esa que nos está esperando, si sabemos ser osados.
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