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Correspondencia entre Poder Legislativo y Fuerzas Armadas / Javier Oliva

  • Javier Oliva Posada

Conforme pasan los años y las legislaturas, en México persiste una inexplicable inercia para suponer que lo que hacen los militares en tareas de apoyo a la seguridad pública, de alguna forma, es parte su naturaleza. Esto al menos se desprende de la notable ausencia jurídica para mejor atender las exigencias de un servicio que ha sometido a una fuerte presión las capacidades estrictamente castrenses.

Con el inicio de la siguiente Legislatura, es un estupendo momento para establecer una dinámica de trabajo que permita al Congreso de la Unión y en particular a la Cámara de Diputados, poner al día y en perspectiva, el indispensable marco jurídico, así como unas más eficientes y dinámicas relaciones civiles militares. Me refiero en especial, a la participación de legisladores militares, que por merecimientos propios, alcanzaron la más alta jerarquía y el segundo lugar en la cadena de mando administrativa de las Secretarías de la Defensa Nacional y de Marina Armada de México.

Tanto el general Virgilio Méndez Bazán como el almirante Carlos Federico Quinto Guillén, integrantes a su vez de la bancada del PRI, cumplen con el perfil de ser de los mejores especialistas de quienes llegan a la Cámara baja, en temas desde luego militares, así como de seguridad nacional, defensa nacional, navales y, por los hechos de los últimos años, en el despliegue militar para el apoyo a la población y autoridades civiles agobiadas por la actividad corrosiva del crimen organizado.

Sin duda, que en esos temas ni se puede ni debe improvisar. En la elaboración de iniciativas, análisis de las mismas y la incorporación de puntos de vista informados sobre uno de los asuntos que más lastiman a la sociedad, la presidencia de las comisiones de Defensa y Marina, deben ser dirigidas y encabezadas, por los diputados Méndez Bazán y Quinto Guillén. Incluso si recordamos el intenso debate que concluyó con profundas modificaciones al sistema político, entre otras, la posibilidad de la reelección consecutiva, con el objetivo de ganar profesionalización en la representación política y administración pública, estos casos cumplen a cabalidad el objetivo de la especialización.

No obstante, también debe incluirse en la argumentación, que no se tratan de presidencias de comisiones de Trabajo para un partido en especial, en este caso, del PRI. Más que reconocida su lealtad, patrióticos, institucionalidad, vocación de servicio, todos los partidos representados en San Lázaro, saben lo que los militares han hecho y siguen haciendo por el país. De allí la relevancia para activar una nueva fase en las relaciones civiles militares.

La coordinación, tiene su base en el entendimiento; la confianza en el mutuo reconocimiento a las capacidades y expectativas. De allí que ahora, los líderes de los partidos políticos en la Cámara de Diputados, atendiendo a sus naturales diferencias, pueden encontrar en la asignación de los cargos y responsabilidades de las comisiones de Trabajo de Defensa y Marina, mucho más que meras posiciones de partidos. Se trata de reconocer que en las materias militares, de defensa, navales y de seguridad nacional, no se puede improvisar. Resultaría muy apropiado, que la puesta en práctica de los resultados de la Reforma Política y Electoral reciente, fuera aplicada por los mismos legisladores en su día a día como representantes populares.

javierolivaposada@gmail.com