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Corrupción e impunidad, la indeleble huella del Gobierno peñista / En Cantera y Plata / Claudia S. Corichi

  • Claudia Corichi

Un duro golpe al ya de por sí mermado Gobierno de Peña Nieto, ha sido la detención del expresidente Nacional del PRI y exgobernador de Coahuila, Humberto Moreira, en tierras españolas. La noticia no solo ha dejado nuevamente en ridículo al actual Gobierno tricolor, sino que ha reavivado la desaprobación al Ejecutivo que pretendía disiparse entre una hollywoodense recaptura a “El Chapo” en los últimos días.

Con esta detención se cumple lo ya vaticinado por Edgardo Buscaglia, la corrupción política genera más dinero sucio que el propio crimen organizado. No fue solo el fuero lo que protegió a Moreira durante su gestión, sino sus buenos tratos con el Grupo Atlacomulco lo que le llevó a apoyar múltiples candidaturas, entre ellas la de Miguel Alonso en Zacatecas, y por supuesto la del entonces gobernador mexiquense Peña Nieto a quien llevó a cañonazos de dinero a la presidencia, por lo que recibiera como recompensa la absolución de la PGR en 2012 sobre el mayestático y absurdo endeudamiento de la entidad durante su gestión.

Los casi 4 millones de pesos por los que es investigado Moreira en España, son apenas una pequeña parte de los montos millonarios que manejaba el exmandatario priísta, ya que incluso se le investiga en Estados Unidos por la adquisición de propiedades en Isla del Padre, Texas, muy al estilo de sus correligionarios partidistas de Nuevo León y Tamaulipas afectos a comprar en el mismo lugar.

Las cifras son contundentes, México no solo está “rankeado”, entre los países más corruptos del mundo por diversos observatorios e investigadores, sino incluso por publicaciones internacionales como Forbes, que son referentes de empresarios e inversionistas. Moreira de hecho figuraba en una de esas listas de la cita publicación, como uno de los mexicanos más corruptos por haber aumentado la deuda de Coahuila en un 434 por ciento, llevándola más allá de los 36 mil millones de pesos; en aquella relación comparte créditos con Elba Esther, Deschamps, e incluso el “flamante” cónsul en Barcelona, Fidel Herrera, quien bien podría seguir el destino de Humberto Moreira, de no ser por el fuero que le confiere la labor diplomática.

De acuerdo al Índice de Percepción sobre Corrupción que realiza Transparencia Internacional, nuestro país se encuentra en el lugar 105 entre 176 naciones, la comparación nos sitúa justo igual que Kosovo, Mali, o las Filipinas. La corrupción, nos cuesta al menos cien mil millones de dólares al año en inversiones perdidas, mucho más que el presupuesto de entidades enteras en un año.

A mi parecer, el Gobierno federal tendrá que terminar con este escándalo de la mano de una cacería de brujas, que bien podría tener en primer lugar al exgobernador de Sonora, Guillermo Padrés, mientras buscan a quienes más perseguir para desbancar de los titulares la corrupción del PRI, que cabe decir no solo acapara las tapas de los diarios nacionales.

A pesar de todo, en este México mágico y surrealista, el PRI se las ha ingeniado para ganar el domingo pasado las elecciones de Colima, a pesar de que la sala superior del Tribunal Electoral, había decidió repetir los comicios al confirmar la intromisión del entonces mandatario estatal, el priísta Mario Anguiano Moreno, en las elecciones del pasado 7 de junio de 2015, revocando la constancia de mayoría al ahora virtual “triunfador” de la contienda, José Ignacio Peralta.

El legado de esta administración como lo señalara el editorial del New York Times hace unas semanas, no solo es una animadversión por la transparencia y la rendición de cuentas, sino al parecer su compromiso por institucionalizar la corrupción, el tráfico de influencias, las mentiras y la impunidad. Muchos dicen que en México la corrupción tiene raíces culturales, ¿cuánto de esto se lo debemos a los poco más de 70 años –y los que van corriendo– del PRI en el poder?