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Coyuntura

  • Raúl Carrancá y Rivas

Las elecciones del domingo entrante en el Estado de México son la más importante coyuntura, desde hace muchos años, para que haya en México una oportunidad realmente favorable al cambio, porque están de por medio diversos factores y circunstancias que se presentan en un momento crucial de nuestra historia. Hay violencia imparable y generalizada, incertidumbre y agudos contrastes políticos, intervención necia y porfiada de Estados Unidos en nuestros asuntos internos y un enorme descontrol en la moral del mundo entero. Época ésta de cambios asombrosos con el perfil de lo momentáneo y, sin embargo, con el sello de lo que puede rebasar lo transitorio. Todo un modelo y estilo político apuestan el domingo a seguir prevaleciendo en el país.

Ahora bien, México no es una nación aparte, aislada del resto del mundo. Somos la cúpula del continente iberoamericano, vecinos de una potencia mundial y herederos de una tradición cultural riquísima que se remonta a los orígenes del pensar mediterráneo. Tenemos tronco poderoso y raíces profundas. Veremos qué pasa, aunque el pasar en nuestros días es sorpresivo. Las cosas en México han llegado a tal grado que se han vuelto intolerables y ya no se pueden aceptar con paciencia, razón por la cual la ocasión política del domingo es una oportunidad para conseguir el cambio de lo que estamos viviendo por lo que queremos vivir.

Lo que sucede, y ofrezco un ejemplo a mi juicio ilustrativo, es que hay obstáculos o impedimentos para que ese cambio se lleve plenamente a cabo, y ellos son la eliminación de la llamada segunda vuelta y las alianzas, convenios o acuerdos entre partidos.

Coincido con los que han criticado aquella y estos. Una segunda vuelta permitiría simple y llanamente depurar la votación en caso de que fuera extrema o muy apretado el resultado. En cuanto a las alianzas es innegable que no se deben mezclar o confundir corrientes de pensamiento opuesto. ¿El PAN y el PRD se anuncia que estarán juntos, aliados, para las elecciones presidenciales de 2018? Es indiscutible que disienten en cuestiones ideológicas de la mayor relevancia y no se entiende con claridad por qué sus dirigentes nacionales se enfrentarán el domingo en el Estado de México, acordando en cambio aliarse para el 2018. No hay que confundir las estrategias con las incongruencias.

En consecuencia, el cambio anhelado se diluiría en la turbulencia de intereses políticos mal disimulados, que no en estrategias sino en conveniencias. Sería una lástima porque la coyuntura política del domingo es muy importante habida cuenta de que es única para que se exprese, hable y se manifieste el famoso y tan poco respetado principio constitucional de que “la soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo” (artículo 39). Añado que no importa tanto un resultado cuantitativo como cualitativo, es decir, que aunque no se triunfe se oiga y escuche la voz soberana y crítica del pueblo, sin duda abrumadora. Y si se triunfa sería magnífico porque el cambio evidente implicaría que la oportunidad favorable ha llegado por fin, oportunidad para que una parte oprimida del pueblo, olvidada y lastimada, ejerza sus derechos políticos y democráticos. Además, eso significaría una especie de depuración de la democracia, un decantamiento, que incluso convendría a los intereses políticos del grupo en el poder.

Las limpias políticas benefician a todos por igual. Autoridades electorales y gobierno tendrán el próximo domingo en el Estado de México un reto histórico, una encrucijada pacífica, quizá la última, para afianzar y conservar nuestra democracia tan lacerada por la corrupción y el escándalo.

@RaulCarranca

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