imagotipo

Crece

  • Pablo Marentes

  • Pablo Marentes

En el mundo de la globalización, lo único que crece y se distribuye sola, es la población del planeta. En 2015, siete mil 349 millones de niños, adolescentes y adultos habitaban la Tierra. Hoy son siete mil 433 millones, un aumento del 1.1 por ciento. Ni los alimentos ni el trabajo alcanzan ya para tantos.

Las letales anomalías son la lacerante distribución de la riqueza, propiciada por la creación de robots de ensamble que por su eficacia permiten cancelar en un instante miles de empleos. Los adelantos tecnológicos se vieron al principio como una bendición. El modelo del beneficio en el corto plazo fue el inglés, a partir de que emergiera una clase media con plena libertad de acción en los negocios. Inglaterra, a partir del siglo XVIII, se transformó en un mundo de empresarios. Estos enseñaron a los nobles a hacer de sus latifundios agrícolas y sus bienes raíces en la ciudad, propiedades generadoras de enormes utilidades a través de la ganadería, la agricultura de alto rendimiento, mediante bajos salarios, y de la especulación urbana propiciada en connivencia con los miembros de los gobiernos imperiales, cuyo prototipo fue el de Napoleón III. Los aristócratas, se convirtieron en Caballeros de la Agricultura impulsados por los miembros de la Cámara de los Lores que manejaban los condados podridos, the rottenbouroughs, como eran conocidos, para que proveyeran a los políticos que ocuparían todas las curules de la Cámara de los Comunes, arropados y guiados por los miembros de la aristocracia que distribuían entre sus incondicionales todas las poltronas de la Cámara de los Lores.

Es lamentable que con los adelantos tecnológicos comenzara la gran corrupción de la política después de la Revolución que había prometido libertad, igualdad y fraternidad. No hay mejor guía histórica que corrobore la afirmación que La Curé, La Pitanza, la inquietante novela de Balzac, en la que se propuso explicar cómo una familia, un pequeño grupo social cuyos miembros, al parecer profundamente diferentes, son idénticos en propósito, formación educativa y proyecto vital, económico y social, factores que les hacen creadores del mundo contemporáneo, el mundo globalizado económica, financiera, y existencialmente: un todo único determinado por la especulación, “20 individuos que parecen, a primera vista, profundamente diferentes, pero que el análisis muestra íntimamente ligados los unos a los otros por la historia natural y social del segundo imperio”.

El mundo contemporáneo está a merced de la “Aldea Global” creada por la cibernética, así denominada por quienes saben que son dos o tres centros financieros mundiales los que manejan a discreción la suerte de los habitantes del planeta. Con una tenue presión sobre un teclado -adosado a la red interna de la red universal-global-se tiene la información para hacer que una decisión, ¡una sola!, altere cada día, todos los días, el destino de cientos de miles de personas que trabajan en oficinas, en extendidos campos de cultivo o en pequeñísimos o gigantescos aglomerados fabriles. Nunca antes ha estado tan cercano un Presidente de Estados Unidos al conglomerado militar, congresional e industrial de cuyo peligro advirtiera el general Eisenhower en su discurso de despedida del 17 de enero de 1961.