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Creciente divorcio entre gobiernos y sociedades

  • Alejo Martínez

En una muy interesante entrevista periodística a José Antonio Meade Kuribreña, secretario de Hacienda y Crédito Público, en la cual trató con frecuencia de acorralarlo para obtener ese llamativo encabezado que venda e impacte, se encuentra una respuesta del secretario en torno a los enormes retos y dificultades que por todas las latitudes del planeta están teniendo que enfrentar los gobernantes de hoy en día, que llama la atención:

“Lo que creo que estamos viendo en el mundo, y lo estamos viendo en México sin duda, es lo muy difícil que es desde el gobierno hablar con la sociedad, generar convicción y construir espacios de confianza”.

En efecto, existen muy variadas evidencias del creciente distanciamiento o divorcio y de las cada vez más notables dificultades de comunicación que están viviendo en épocas recientes los gobiernos, con las sociedades, pero no solo afecta a los gobiernos sino también a los partidos tradicionales, los que han tenido mayores oportunidades de gobernar. Es evidente un progresivo descrédito y desprestigio de las sociedades políticas ante las sociedades civiles.

El cinco veces secretario de Estado es quien esclarece él mismo ese creciente distanciamiento, ejemplificándolo con casos concretos: “En lo que va de la administración hemos visto cinco primeros ministros australianos, hemos visto cuatro italianos, hemos visto retos bien importantes en Inglaterra, en España, en Brasil, en Corea del Sur. Esto es, el diálogo entre los gobiernos y la sociedad es uno que implica retos en esta época, que probablemente no estuvieron presentes en épocas anteriores y que le añaden a la dificultad de servir”.

Ese creciente descrédito y pérdida de legitimación de partidos tradicionales y gobiernos parece estar estrechamente asociada al desplazamiento que está sufriendo el factor trabajo por el peso e influencia creciente del capital en los cada vez más competidos procesos productivos. El hecho general es que los empleos precarios están en continuo ascenso y aun cuando aparentemente sea solo un caso aislado, la precarización del empleo en el Edomex, es síntoma de un padecimiento mucho más generalizado.

De acuerdo con la última ENOE al cierre de 2011, 35.1% ganaba menos de dos salarios mínimos, mientras que en el primer trimestre de 2017 había subido hasta 43%. Si bien se han generado empleos con mayor velocidad a las que supuestamente debieran generarse por el bajo ritmo de crecimiento del PIB, se han incrementado solo los de muy bajo ingreso, con percepciones tendientes a disminuir.

Lo que se está experimentando en gran parte del mundo es un despliegue de creatividad para buscarse fórmulas ingeniosas de ganarse la vida, aunque demasiadas veces con menor o escasa rentabilidad. Mientras el sector estrictamente productivo y de elevada tecnificación crece en su capacidad de generar riqueza, desplazando personal no especializado, el sector de intermediación y de servicios de escasa sofisticación crece ocupando trabajo humano con reducidas remuneraciones. Al implicar ello una precarización del empleo y de las expectativas de nivel de vida, se está provocando una creciente y explosiva inconformidad social, que encuentra en los gobiernos al lógico culpable de esa precarización. Y si a ello se añaden muy graves deficiencias propias de tales gobiernos, se vuelve muy explicable la preocupación expresada por Meade.

amartinezv@derecho.unam.mx

@AlejoMVendrell