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Crecimiento e inflación en 2015 / Mundo Económico / Enrique Vera Estrada

  • Enrique Vera

La ciencia económica establece que el crecimiento y la inflación son metas que están en cierta forma “divorciadas”, pues cuando hay altas tasas de crecimiento, los gastos de consumo e inversión de los agentes económicos, es decir, de las familias, las empresas y el Gobierno se incrementan, razón por la cual ese mayor crecimiento propicia una mayor inflación. Sin embargo, la gran mayoría de los economistas contemporáneos establecen que el crecimiento y la inflación no deben de estar peleados, pues el crecimiento debe de ser inducido por un incremento en la productividad, razón por la cual se incrementa la producción física real de bienes y servicios sin tener que encender a la inflación.

En muchos países industrializados, cuando hay un desempleo menor al 4 por ciento se activa la “alarma” de una presión inflacionaria. Si todo el capital y el trabajo están ocupados, y si hay un recalentamiento de la economía, es decir, un exceso de demanda agregada, lo más seguro es que los bancos centrales, junto con los Gobiernos tomen medidas para contener ese recalentamiento o exceso de demanda agregada.

Estas medidas pueden incluir un congelamiento de salarios, un alza en las tasas de interés o incluso un incremento en los impuestos. Con tales medidas sería posible congelar el nivel de gastos de consumo e inversión en la economía y con ello los precios o las presiones inflacionarias se podrían disipar. No hay que olvidar que cuando la demanda agregada es superior a la oferta agregada hay esa inflación, alza en las tasas de interés y un déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos.

Por su parte, cuando hay un déficit de demanda agregada, se da lo opuesto: hay deflación, bajan las tasas de interés y se presente un superávit en la cuenta corriente, ya que las mercancías de exportación salen mucho más baratas con la deflación y gracias a ello se presenta un superávit comercial. No hay que olvidar que la inflación estimula las importaciones y la deflación estimula las exportaciones. En el caso de México, en estos momentos el banco central tiene facilitada su función, gracias a que hay un gasto público en declive; porque hay un abaratamiento de las materias primas que se importan del extranjero; gracias a los bajos salarios (que no propiciarían inflación ni siquiera aunque hubiera un pleno empleo); y como resultado que los niveles de inversión por parte de los empresarios es relativamente débil.

Todos esos factores contribuyen a que la inflación sea baja y que en este año no alcance ni siquiera el 3 por ciento. De hecho se estima que para el presente año la inflación termine en 2.4 por ciento; para el 2016 en 3.5 por ciento; y para el 2017 en un 3 por ciento.

En cuanto al crecimiento, es claro ver que hay tres factores que están acotando la expansión de la economía: en primer lugar está la contracción – y congelamiento- del gasto público por el desplome del precio del petróleo, que se espera que dure que sea bajo durante varios años más; en segundo lugar está esa contracción de la inversión, sobre todo en los niveles de construcción de instalaciones; y en tercer lugar la falta de confianza que hay en la economía mexicana –tal y como se dijo– de los agentes económicos.

Para el año que entra se ve que el panorama será tan complicado como en el presente año, pues el precio del petróleo seguirá bajo, a pesar de que las coberturas petroleras nos garantizarán precios de 49 dólares por barril. Al momento de escribir estas líneas es posible advertir que el precio el petróleo está por debajo de los 40 dólares.

De esta manera es posible que el binomio baja inflación y bajo crecimiento seguirá en la economía mexicana durante varios años más. El propio gobernador del Banco de México, Agustín Carstens ha declarado que solo se crecerá a un 4 por ciento hasta finales del presente sexenio. Y dicho crecimiento no estará sustentado en un mercado interno vigoroso, sino más bien en el crecimiento de las exportaciones y de los ingresos que dan las remesas y el turismo. Por tal razón, es posible ver que el crecimiento está sustentado en la mayor productividad. Pero la productividad mexicana es muy baja, lo cual explica los bajos salarios y el magro crecimiento.
enriquevera2004@yahoo.com.mx