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“Creo en Dios, no en un dios católico, no existe tal, solo creo en Dios y en Cristo, su reencarnación…” | Gabriela Mora Guillén

  • Gabriela Mora

Por fin. Pese a que para muchos la visita es indiferente, irrelevante, indiferente y muy molesta por los múltiples problemas –principalmente viales-, que ello ha implicado, Francisco está en México y esto, para los católicos que en México somos varios también-, es motivo de alegría y bendición.

Evidentemente el Papa viene a cultivar con su humildad a una de las sociedades con mayor número de católicos en el mundo; ha llegado a dejar su mensaje en contra de la violencia, igualmente  sobre migración, se dirigirá a minorías particularmente indígenas, desde tiempo atrás se ha visto una evidente distancia entre ciertas jerarquías de la Iglesia en México hoy más palpables que nunca, pero en definitiva, Francisco ha llegado a refrendar con su nuevo estilo, grandes valores de sencillez y franqueza.

Pues bien, la historia de Jorge Mario Bergoglio –el papa Francisco-, comienza en 1953, a los 17, cuando inició a trabajar en los laboratorios Hickethier Bachman, de Buenos Aires, encontrando como jefa a la bioquímica Esther Ballestrino de Careaga, de nacionalidad paraguaya pero radicada en Argentina: mujer de izquierda, que en aquel entonces fue partidaria de la naciente Revolución Cubana.

Desde el principio el joven Jorge Mario y la química hicieron una buena amistad, y según lo ha reconocido nuestro Papa, Esther fue su primera mentora política, ella le mostró cómo era la militancia política e incluso fomentó en él lecturas comunistas, y algo de guaraní… “Una mujer extraordinaria”, dice Francisco.

Así las cosas,  Bergoglio se incorporó al seminario en los años 60 y desde 1973  hasta 1979 se convierte en el superior de los jesuitas en Argentina: años muy conflictivos en la política Argentina, marcados por la violencia y la represión, con una jerarquía eclesiástica que francamente apoyaba a la dictadura. En medio de la caótica situación, Esther se había convertido en activista de derechos humanos  sobre todo en la causa de los jóvenes quienes sufrían terribles tormentos –mismos que alcanzaron a su hija y su yerno-; miles de ellos fueron desaparecidos y torturados, por lo que Ballestrino fundó el movimiento de las Madres de la Plaza de Mayo, una organización de familiares que comenzó a organizar la búsqueda de los cerca de 30 mil que se supo fueron llevados a campos de concentración, torturados y la mayoría de ellos aniquilados.

Cuando la hija de Esther, Ana fue secuestrada, el superior de los jesuitas -Jorge Mario Bergoglio-, aceptó resguardar los documentos políticos y la biblioteca de la familia, hecho que en aquel momento ponía en peligro la vida; pero además, el movimiento de las Madres contaba con su apoyo así como el de unos cuántos sacerdotes y monjas: su sede para las reuniones, entonces de un grupo de unas pocas madres, era la iglesia de la Santa Cruz, en Buenos Aires. Esther, las madres y las monjas fueron torturadas, asesinadas y arrojadas al mar desde un avión. Sus restos aparecieron muchos años después, en 2005, en una fosa común donde los pobladores de una pequeña ciudad costera enterraban los cuerpos que les regresaba el mar.

En la reciente entrevista realizada días antes de su visita a México por la agencia de noticias Notimex, Francisco nos dijo: “ustedes están viviendo su pedacito de guerra”, lo ha dicho bajo la convicción de que solo reconociendo y aceptando los padecimientos será posible encontrar y dirigir una salida… “Por supuesto que no quiero tapar nada de eso”, aclaró, reconociendo que vendría a exhortarnos a una lucha diaria contra el crimen organizado y la corrupción.

“Voy a buscar en el pueblo mexicano, que me den algo (…) No voy ‘a pasar la canastita’, quédense tranquilos, voy a buscar la riqueza de fe que tienen ustedes”, arguyó.

La convocatoria de Francisco nos ha llegado a todos, a la misma Iglesia, a las oficinas gubernamentales, a los legisladores, y por supuesto a la sociedad mexicana: se trata de una convocatoria netamente política: “La paz se hace en el diálogo, no en la ruptura. Y esa es la palabra clave, diálogo entre los dirigentes, y diálogo con el pueblo y diálogo entre todo el pueblo”.

Francisco visita al México dolido representado en las víctimas de la violencia, en los enfermos, en los jóvenes sin oportunidades, en la pobreza extrema, en los indígenas, en los migrantes perseguidos, en las cárceles inhumanas; pero igualmente, hablará a las familias en cuyo ámbito se vive un proceso de debilitamiento y desintegración.

Hemos comenzado a escuchar los intensos mensajes del Papa; en el bullicio de su presencia, vivimos días de entusiasmo y hacemos gala de nuestra hospitalidad; sin embargo, lo más importante de esta visita no es lo que ahora está sucediendo: es lo que habrá de pasar a partir del próximo miércoles, cuando Francisco retorne al Vaticano, una vez que la calma haya llegado a nuestro entorno y nos quedemos con sus palabras, con el mensaje transformador de su discurso en el corazón.

gamogui@hotmail.com

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