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Crisis de los misiles reciclada / Numerados

  • Camilo Kawage

Trece años de Numerados

1.- Estas horas que vivimos nos acercan inopinadamente a lo que debieron sentir las naciones durante la Crisis de los Misiles, que en octubre de 1962 tuvo al mundo al borde de una guerra nuclear de la que nadie habría podido platicar. Más en referencia a la sensación de impotencia ante la actitud irascible y vacilante de Khrushev –como relató el propio Fidel Castro- y su falta de tacto, que por la magnitud de la destrucción que se hizo inminente en aquellas aterradoras horas de la historia reciente. Y con la notable diferencia, que del acecho y las dimensiones de aquélla el mundo se enteró meses o años después de superado el peligro, y que el riesgo latente de la de ahora atañe muy distintas armas y se transmite por twitter.

2.- Justo cuando pensábamos que 65 años después de ese trance; algunos menos de que la razón se impusiera por breve tiempo a la intransigencia cavernícola de las potencias atómicas, y que creíamos que los vecinos más cercanos que han existido de este lado de Francia y Alemania, México se enfrenta hoy a días de peligro, en que a poco vemos tanques en la frontera y portaviones en Ensenada y Matamoros. Por la terquedad de un líder megalómano desconocedor, ante todo, de la Historia, para no hablar de su ignorancia de una relación complejísima como la que nos vincula con Estados Unidos.

3.- A los que nos toca la angustia de presenciar estos días nos cabe también el privilegio de integrar las expresiones de unidad nacional como nuestro país no había visto desde hace muchas generaciones, parecida acaso solo a las de solidaridad humana de que nuestra población hizo gala, a una sola mano, en 1985 cuando la tierra enfureció contra nosotros. Esta ola de cohesión, generada además por el capricho de un dirigente extranjero, nos confirma en la grandeza de México.

4.- Como en los trances azarosos de la vida de los países la gestión del Gobierno, que hoy se ha tachado de tibia y trémula, se entenderá más adelante como prudente y adecuada a la gravedad de la amenaza y la dimensión del chantaje. Solo, el tiempo confirmará que la razón estuvo del lado de quien no precipitó los hechos, ni actuó al conjuro del impulso sino que lo contuvo; México ha sido fiel a su tradición diplomática de proclamar la paz, de postular la tolerancia hasta el límite de la cordura. Sin frases ostentosas, chiflidos en el mar, ni golpes de estridencia, la soberanía y la dignidad de la Nación están a salvo.

5.- Puesto que urge demorarse a escribir, antes que otro mensaje fugaz estropee la doctrina, no es temprano para saber que el principio perdura sobre el arrebato del instante. Se ha escuchado la voz del magnate mexicano por encima del rugido del comerciante inmobiliario de Estados Unidos. Al exaltar la capacidad de unidad de los nuestros, la solidaridad fraternal que profesamos todos hacia los que se encuentran en aquel país y que padecen la más humillante de las amenazas, el promotor de México hace un balance de nuestras posibilidades, de nuestra enorme fortaleza como país y las oportunidades que el momento ofrece, con la serenidad que infunde.

6.- Huelga decir que el Presidente de México, con toda la responsabilidad que tiene a cuestas, no iba a emular a Chamberlain ni a prestarse a otra jugada trapera del demagogo; tampoco dejó pasar la ocasión de exhibirlo en su más prosaica faceta de mentiroso y timador. Al personaje se le olvida que el trato con los países parte de la premisa esencial del respeto. A nosotros no.
camilo@kawage.com