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Abusos en las escuelas

  • Crispín Bello

Crispin Bello

A partir del escándalo suscitado en el Jardín de Niños “Matatena”, las autoridades de la Administración Federal de Servicios Educativos en el D.F. (AFSEDF), hoy Ciudad de México, han declarado la necesidad urgente de diseñar protocolos para prevenir abusos sexuales en las escuelas, en coordinación con la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH). Aceptan tener lineamientos generales de atención, más no de prevención. El tema es delicado, se ha trabajado en la Secretaría de Educación Pública (SEP) desde los noventa, con la creación del grupo “Estoy contigo”, que investigaba supuestos abusos sexuales contra los menores realizados supuestamente por personal de la SEP ( maestros, conserjes, entre alumnos etc.,) y evolucionó a formar un equipo llamado “Unidad de Atención al Maltrato y Abuso Sexual Infantil” (UAMASI) que operaba y opera junto a la AFSEDF, esta unidad inició encabezada por la antropóloga Adriana Corona Vargas y destacó en el sentido de generar investigaciones profesionales con un equipo multidisciplinario entre los que resaltan; psicólogos, docentes, trabajadores sociales, quienes junto a la instancia sindical, valoraban los elementos de las investigaciones de campo, incluso clínicas para emitir un dictamen justo hacia el menor abusado, hacia el docente o el trabajador involucrado.

Los resultados en la década del 2000 al 2010, sorprendieron porque de un aproximado de cien casos investigados el 50 por ciento, es decir 50 si se encontraron elementos de abuso o maltrato y de esos 50 casos 25 aproximados se atribuyeron a personal de las escuelas o entre los mismos educandos, y el resto, los otros 25, se realizaron fuera de las instalaciones escolares. Esto sorprendió porque, efectivamente, en un centro escolar, los menores alternan con por lo menos cinco docentes; el titular del grupo, el de inglés, el de educación física, el de tics, el promotor de lectura, etc ,con cada uno se establece la relación ,maestro-alumno, pero curiosamente la mayoría de quejas se dan por tocamientos entre menores, sobretodo en los sanitarios, haciendo responsable al docente por omisión.

En este sentido, la consideración sería que debe hacer el docente con un grupo promedio de 30 alumnos, si uno le pide permiso de ir al sanitario, cómo actuar, si no otorga permiso y el menor defeca en el salón se considera maltrato psicológico y físico, si da permiso no puede abandonar al resto del grupo para acompañar al menor y vigilar su integridad, porque al abandonar el grupo si sucede un accidente con los restantes alumnos es responsable por omisión; cómo saber que sucede en el baño, si alguien vigilara, un trabajador de apoyo, se corre el riesgo de acusarlo de acoso con una simple queja; si instalan cámaras, como se propone al día de hoy en los sanitarios, se violentaría el derecho a la intimidad de los menores. Un asunto difícil de resolver, y ante cualquier eventualidad, la escuela siempre sale perdiendo. También se demostró que en muchos casos de abusos comprobados, se realizaron en el seno familiar, por padres, o familiares, que ante la posibilidad de ser descubiertos denuncian estos actos fincando responsabilidad a la escuela, de los casos más recurrentes de supuestos abusos entre menores, los psicólogos refieren que entre iguales (niños ) cuando existen tocamientos, no necesariamente encuadran en abusos, puesto que los menores tienden al descubrimiento de su cuerpo y es lo que llaman “juegos sexuales”.

No olvidemos que los menores repiten las conductas que observan en casa e incluso en los medios de comunicación. El tema no es simple, no se resuelve con protocolos, urge escuela de padres, porque las leyes avanzan en beneficio del menor, no así en campañas de orientación y difusión que pueda prevenir abusos. Hoy, a raíz de los escándalos mediáticos, la persecución de asuntos archivados se reviven , ante el temor de ser sujeto a sanciones, laborales, administrativas o penales, la autoridad deslinda toda responsabilidad en el docente, ojalá y esto cambie en beneficio de la educación.