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Cristianos y política mundial / Rosamaría Villarello Reza

  • Rosamaría Villarello

Hoy termina. Por la intensidad de la visita y por la sobreexposición en los medios, comenzó a causar malestares la visita del papa Francisco a México. No obstante ha sido y será importante para determinados fines que busca tanto la Iglesia católica apostólica y romana como el propio Estado. Cada cual interpretará sus palabras como le convenga, que de alguna manera se sintieron aludidos, por estar de uno u otro lado.

La cercanía tan abierta y permisiva de las autoridades de todos los niveles que tuvieron con el jefe del Vaticano, será una excusa más para tratar de presionarlas en aspectos que de manera directa o velada fueron acusadas o con llamamientos de atención, por todos aquellos que son o se sienten víctimas.

Sin duda, esta jornada de Bergoglio es un parteaguas en las relaciones Iglesia católica-Estado mexicano, porque la línea divisoria se sintió en muchas ocasiones demasiado débil como para inducir un verdadero respaldo a una religión que a pesar de que ha perdido seguidores, sigue teniendo el mayor número de creyentes.

Y en ello, el Estado está siendo su tarea; no ahora, sino de tiempo atrás, aunque hoy lo sintamos más proclive a cerrar filas en torno a la religión católica; tal vez por el avance de otras y porque hay un real peligro de una conversión de una feligresía que no ha encontrado en el catolicismo una respuesta a sus necesidades espirituales.

Hace poco ya veíamos cómo se está tramando un acercamiento con las corrientes más importantes del protestantismo, otrora separadas del catolicismo y con las cuales seguramente se llegará también a acuerdos que obstaculicen el avance de las corrientes más ultraconservadoras y extremas del islamismo.

Ese es uno de los objetivos que se perciben en el encuentro en La Habana entre el patriarca de la Iglesia ortodoxa rusa, Cirilo (Kirill), y el papa Francisco, aunque los antecedentes daten de mucho tiempo atrás y cuya separación de las dos corrientes cristianas se haya dado hace más de mil años. Castro y Putin, respaldaron y facilitaron esta reunión.

Si lo advertimos de esa forma, las circunstancias nos conducen a poner sobre la mesa varios binomios en los que las iglesias y los líderes políticos se están apoyando mutuamente y creando un escudo frente a otras religiones no cristianas que avanzan, sino más bien a los terroristas que toman de pretexto la religión y atacan a las comunidades cristianas en varias partes del mundo: Alemania y Gran Bretaña y casi toda Europa, África y Angela Merkel; Rusia y toda su zona de influencia y Vladimir Putin-con más de 300 millones de ortodoxos en el mundo-; Estados Unidos y Barack Obama; Cuba y Fidel y Raúl Castro. Si seguimos en esa cadena entra América del Sur en particular Brasil, segundo país en el mundo con más católicos y Dilma Roussef o Lula.

No sé hasta qué punto un liderazgo de México haya sido considerado para sumarse a este selecto grupo, pero en definitiva ayudará, enmarcando la actitud de Peña Nieto en esta tendencia mundial y de cambio tanto en la política exterior con línea directa hacia El Vaticano, como indudablemente en un sacudimiento de los nuevos tiempos en la política interna de México.