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Cuando China tropiece / Paul Krugman.

  • Paul Krugman

¿Los problemas de China causarán una crisis global? La buena noticia es que los números, como los veo, no parecen tan grandes. La mala es que yo podría estar equivocado, pues el contagio global parece que termina siendo peor de lo que decían los números. Y las peores noticias es que si China efectivamente le asesta un golpe al resto del mundo, estaremos notablemente impreparados para lidiar con las consecuencias.

Para los que apenas empiezan a poner atención: desde hace tiempo ha sido evidente que la economía china está en serios problemas. Es difícil decir qué tan serios, pues nadie cree en las estadísticas oficiales chinas.

El problema básico es que el modelo económico chino, que implica mucho ahorro y poco consumo, solo es sustentable en tanto el país pudiera crecer a gran velocidad, justificando enormes inversiones. Esto, a su vez, fue posible cuando China tenía grandes reservas de mano de obra rural subempleada. Pero ese ya no es el caso y ahora China se enfrenta a la espinosa tarea de hacer la transición hacia un crecimiento menor sin caer en la recesión.

Una estrategia razonable hubiera sido ganar tiempo con la expansión del crédito y el gasto en infraestructura, al tiempo que se reformaba la economía a fin de darle más poder adquisitivo a las familias. Por desgracia, Pekín aplicó solo la mitad de esa estrategia, ganando tiempo para después derrocharlo. El resultado fue una deuda que creció rápidamente, buena parte de la cual se contrajo con los “bancos de sombra”, establecimientos mal regulados que constituyen una amenaza de derrumbe financiero.

Así pues, la situación china parece bastante sombría. Y cifras recientes han venido a reforzar los temores de un aterrizaje difícil, que causaría no solo una caída en las acciones chinas sino también una aguda declinación en el precio de las acciones chinas en todo el mundo.

Bueno, todo esto está muy mal. Y algunas personas inteligentes piensan que las implicaciones globales son aterradoras; George Soros, por ejemplo, las compara con las de 2008.

Sin embargo, como dije antes, me cuesta trabajo cuadrar las cifras para que haya una catástrofe de ese tipo. Sí, China es una economía enorme, que representa la cuarta parte de la manufactura mundial, así que lo que ocurra ahí tendrá implicaciones para todos nosotros. Y China compra más de 2 billones de dólares anuales de bienes y servicios en el resto del mundo. Pero es un mundo muy grande, con un producto interno bruto total, excluyendo a China, de más de 60 billones de dólares. Por muy drástica que fuera la caída de las importaciones chinas, solo tendría un efecto modesto en el gasto mundial.

¿Qué hay de las vinculaciones financieras? Una de las razones de que la crisis de las subprimas de Estados Unidos se volviera global en 2008 es que los extranjeros en general, y los bancos europeos en particular, estuvieron muy expuestos a las pérdidas en los valores de Estados Unidos. Pero China tiene controles de capital _ es decir, no está muy abierta la inversión extranjera _ por lo que habría muy poca derrama directa de la caída de las acciones o incluso de la suspensión de pagos de la deuda interna.

Todo esto dice que aunque China está en muchos aprietos, las consecuencias para los demás serían manejables. Pero tengo que admitir que no estoy tan tranquilo al respecto como lo sugeriría el análisis anterior. Por así decirlo, no tengo el valor de ser complaciente. ¿Por qué?

Parte de la respuesta es que los ciclos comerciales entre naciones suelen estar más sincronizados de lo que “deberían” de estar. Por ejemplo, Europa y Estados Unidos exportan uno al otro solo una pequeña fracción de lo que producen y, sin embargo, tienen recesiones y se recuperan al mismo tiempo. La vinculación financiera puede ser parte de la ecuación, pero también sospechamos que existe el contagio psicológico: las noticias sobre una economía importante, buenas o malas, afectan el ánimo de las demás.

Por tanto, me preocupa que China exporte sus aflicciones de una forma que no puedan ver los cálculos apresurados, que los problemas del Imperio del Medio, de una forma u otra, tengan el efecto de deprimir la inversión en Estados Unidos y Europa, así como en los mercados emergentes. Y si mis inquietudes se hacen realidad, estaremos penosamente incapacitados para lidiar con el golpe.

Después de todo, ¿quién respondería a un choque de China y cómo? La política monetaria probablemente sería de poca ayuda. Con las tasas de interés todavía cerca de cero y la inflación por debajo de la meta, la Reserva Federal tendría poca capacidad de combatir una caída económica en cualquier caso. Y probablemente redujo aun más esa capacidad al anunciar su disposición de elevar las tasas a la primera excusa. Mientras tanto, el Banco Central Europeo ya está llegando a los límites de su mandato político en sus esfuerzos por elevar la inflación, que hasta ahora han resultado infructuosos.

Y aunque ciertamente la política fiscal podría dar resultados _ en esencia gastar más para compensar la reducción del gasto chino _, ¿cuánta gente cree que los republicanos estarían abiertos a un plan de estímulo del presidente Barack Obama, o que los políticos alemanes verían con buenos ojos una propuesta para aumentar el déficit en Europa?

Ahora bien, lo que yo supongo es que las cosas no van a estar tan mal; quizá malas en China pero en otras partes solo habrá un poco de turbulencia. Y la verdad es que espero fervorosamente que esa suposición sea correcta, pues parece que no tenemos ningún plan alterno a la vista.