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Cuando chocan las falacias / Paul Krugman

  • Paul Krugman

Los debates formales entre los republicanos que podrían ser el presidente han excedido todas las expectativas. Ni siquiera los cínicos más curtidos podrían haberse imaginado que los precandidatos llegarían tan bajo y se quedarían concentrados en los insultos personales. No obstante, la semana pasada, entre bastidores, hubo, en efecto, un verdadero debate sobre la política económica entre Donald Trump y Mitt Romney, quien está tratando de bloquear la nominación.

Desafortunadamente, ambos hombres hablan tonterías. ¿Les sorprende?

El punto de partida de este debate es la desviación de Trump respecto de la ortodoxia del libre mercado en el comercio internacional. Los ataques contra la inmigración siguen siendo el tema central en la campaña del puntero republicano, pero ha abierto un segundo frente sobre los déficits comerciales, a los que, asevera, está causando la manipulación monetaria que hacen otros países, especialmente China. Esta manipulación, dice, le está “robando miles de millones de dólares de capital y millones de empleos a los estadunidenses”.

Su solución es “aranceles compensatorios” -básicamente, tarifas- similares a los que imponemos rutinariamente cuando encontramos que otros países están subsidiando las exportaciones en violación con los acuerdos comerciales.

Romney dice que está horrorizado. En su discurso sobre detener a Trump la semana pasada, advirtió que si “El Donald” se convierte en presidente “hundiría (a Estados Unidos) en una prolongada recesión”. ¿Por qué? La única razón específica que dio fue que esos aranceles “instigarían una guerra comercial y ello elevaría los precios al consumidor, eliminaría nuestros empleos en la exportación y llevaría a que los emprendedores y los negocios de todos los colores huyeran de Estados Unidos”.

Es bastante divertido si se recuerda la campaña del 2012. En ese entonces, al aceptar el apoyo de Trump, Romney elogió al empresario (al que ya se le conocía bastante por el tema del nacimiento) por ser alguien con “habilidad extraordinaria para entender cómo funciona nuestra economía”. Sin embargo, esperen, se pone mejor: en ese momento, Romney estaba diciendo casi exactamente lo mismo que está diciendo hoy Trump. Prometió –adivinaron- declarar a China manipuladora de la moneda, en tanto que atacaba al presidente Barack Obama por no hacerlo. Y mandó por un tubo las preocupaciones sobre empezar una guerra comercial, al declarar que ya estaba en curso una: “Es una silenciosa y la están ganando”.

Más importante que la incómoda historia de Romney, no obstante, es el hecho de que su análisis económico está totalmente equivocado. El proteccionismo puede hacer daño real al hacer que las economías sean menos eficientes y al reducir el crecimiento de largo plazo. Sin embargo, no causa recesiones.

¿Por qué no? ¿Acaso una guerra comercial no reduce el empleo en el sector de las exportaciones? Sí, y también incrementa el empleo en los sectores que compiten con las importaciones. De hecho, una guerra comercial mundial reduciría, por definición, las importaciones en exactamente la misma cantidad en la que reduce las exportaciones. No hay ninguna razón para suponer que el efecto neto sobre el empleo sería fuertemente negativo.

¿Acaso no fue el proteccionismo lo que causó la Gran Depresión? No, no fue así; el proteccionismo fue el resultado de ella, no su causa. Por cierto, si se quiere un ejemplo de un política que realmente tuvo mucho qué ver con su propagación, esa sería la del patrón oro, misma que Ted Cruz quiere restablecer.

Así es que Romney está diciendo tonterías. Sin embargo, también Trump.

Hace cinco años la queja de Trump de que la manipulación china de la moneda le estaba costando empleos a Estados Unidos tenía cierta validez; de hecho, economistas serios planteaban el mismo argumento. Sin embargo, hoy día, China tiene grandes problemas y está tratando de mantener alto el valor de su moneda y no bajo: las reservas de divisas se están hundiendo de cara a grandes fugas de capital, al son de billones de dólares en el último año.

Ni tampoco China es la única. Por todo el mundo, los capitales está saliendo de las economías en problemas -incluida, por cierto, la eurozona, que estos días tiende a tener excedentes comerciales mayores que los de China-. Y gran parte de ese capital fugado se dirige hacia Estados Unidos, haciendo que suba el dólar y que nuestras industrias sean menos competitivas. Es un verdadero problema; los fundamentos económicos de Estados Unidos son bastante sólidos, pero arriesgamos, en efecto, importar debilidades económicas del resto del mundo. Sin embargo, no es un problema que podamos abordar arremetiendo contra extranjeros que, falsamente, imaginamos que están ganando a costa nuestra.

¿Qué podemos hacer para combatir la debilidad económica importada? Ese es el gran tema, pero algo es seguro: dadas las presiones externas y la preocupante fortaleza del dólar, la Reserva Federal realmente, pero realmente, necesita demorar el aumento en las tasas de interés. ¿Mencioné que Trump quiere ver que aumenten las tasas? No solo eso, sino que es un total teórico de las conspiraciones y declara que Janet Yellen, la presidenta de la Reserva, mantiene bajas las tasas de interés como un favor a Obama, quien “quiere estar jugando golf dentro de un año”.

Así es que así están las cosas. La buena noticia es que sí se estuvo dando un verdadero debate político dentro del Partido Republicano la semana pasada. La mala es que se trató de economía chatarra por ambas partes.