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Cuando no quede nadie para hablar… / Juego de Palabras / Gilberto D’ Estrabau

  • Gilberto Destrabau

Martin Niemöller (1982-1984) fue un prominente pastor protestante que emergió como enemigo público de Hitler, y pasó los últimos siete años del régimen nazi en campos de concentración. Se le recuerda por su confesión: “Cuando los nazis se dedicaron a asesinar comunistas, yo no hablé porque no era comunista. Luego asesinaron judíos y yo no hablé porque no era judío. Después persiguieron a los sindicalistas, y no hablé porque no pertenecía a ningún sindicato. Más tarde condenaron a los católicos, y no hablé porque soy protestante. Finalmente vinieron por mí, y entonces ya no quedaba nadie para hablar”.

Un tema permanente en los medios son las manifestaciones.

Ayer hubo tres, antes de ayer, una, en Chiapas, que terminó con la muerte de un maestro, atropellado, según el secretario de Educación, Aurelio Nuño, por sus propios compañeros, según esos compañeros, por la Policía Federal. Sin importar quién finalmente resulte responsable, la muerte del maestro David Ruiz Estudillo es una tragedia y sumamente lamentable. Pero las manifestaciones en sí, contra lo que parece ser una opinión bastante generalizada, son lo mejor que le puede pasar a nuestra sociedad, como la más física e inmediata prueba de las libertades de asociación y expresión.

La salida a la calle de los inconformes, en México como en todas partes del mundo, puede interpretarse como que vivimos un mundo más desordenado, pero también como que vivimos en un mundo más libre. Si en México, donde la toma de la calle es ya una tradición, ésta se practica cada vez más, no hay que interpretar esto como que las condiciones del país empeoran, sino que cada grupo social o político, se siente, y tiene, el derecho de exponer sus reivindicaciones abiertamente.

Naturalmente, todo esto causa problemas e incomodidades.

Y somos muchos los que protestamos contra las protestas, y nos manifestamos contra las manifestaciones, porque descomponen la paz urbana o nos hacen llegar tarde a trabajar o a una cita. Pero en realidad estamos perdiendo de vista lo principal. Quienes ejercen la libertad de disentir, están fortaleciendo nuestra propia libertad de disentir. El hecho de que no seamos maestros o campesinos no presupone que jamás, como personas o como grupo, no tendremos la necesidad de hacer escuchar nuestra voz de la manera más vibrante.

Ningún hombre es una isla, escribió el poeta. Cada ser que muere, es una parte de la humanidad que muere. No preguntes por quién doblan las campanas. Las campanas doblan por ti.

Sí. En el fondo, quienes gritan consignas y enarbolan pancartas, lo están haciendo por todos nosotros. No solamente aquí, en todo el mundo, que cada vez es más pequeño.

(Como muchos contadores, Cristóbal Colón, en su primer viaje, llevaba dos juegos de libros. En uno registraba las grandes distancias, según las medía, y en otro tramos más cortos, de modo que la tripulación, que temía a lo desconocido, creyera que estaba más cerca de España.

La ironía es que las distancias falsas, resultaron a la postre más exactas que las reales.

Ya, desde entonces, el mundo era más pequeño de lo que se suponía. (Y se sigue encogiendo).

Buenos días. Buena suerte.
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