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Cuaresma para conversión

  • Felipe Arizmendi

Estamos iniciando la Cuaresma, que es un tiempo de gracia que Dios nos concede para revisarnos, para morir con Cristo a cuanto sea contrario a su Evangelio, y resucitar con Él a una vida centrada en el amor a Dios y al prójimo. ¿Qué tiene esto que ver con los acontecimientos actuales?

Con el incremento de medidas racistas y antimigrantes en Estados Unidos, y con la ampliación del muro que divide nuestros países, aumentarán las deportaciones, pero las migraciones no se van a detener. Disminuirán las personas que intentan pasar, pero la pobreza, el hambre, la violencia y la inseguridad en el sur impulsan a muchos a exponerse a todos los peligros imaginables, con tal de encontrar una oportunidad de un trabajo mejor remunerado, huir de la miseria y de las pandillas de los “maras” y, sobre todo, para reencontrarse con sus familias que ya viven allá.

¿Qué nos pide Dios que hagamos por los deportados y por los migrantes que siguen pasando por nuestro territorio?
PENSAR

El papa Francisco, en su mensaje para esta Cuaresma, nos dice:

“La Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta a cualquier necesitado y reconocer en él o en ella el rostro de Cristo. Cada uno de nosotros los encontramos en nuestro camino. Cada vida que encontramos es un don y merece acogida, respeto y amor”.

“El dinero puede llegar a dominarnos hasta convertirse en un ídolo tiránico. El dinero puede someternos, a nosotros y a todo el mundo, a una lógica egoísta que no deja lugar al amor e impide la paz. La codicia del rico lo hace vanidoso. El peldaño más bajo de esta decadencia moral es la soberbia. Para el hombre corrompido por el amor a las riquezas no existe otra cosa que el propio yo, y por eso las personas que están a su alrededor no merecen su atención. El fruto del apego al dinero es una especie de ceguera: el rico no ve al pobre hambriento, llagado y postrado en su humillación”.
ACTUAR

¿Qué hacer ante las deportaciones y las migraciones que no se detienen? Ante todo, que en nuestros países se generen mejores condiciones de vida, más empleo y más oportunidades de desarrollo. Que se apoye más al campo, para que nuestro potencial agrícola sea una fuente no solo de sobrevivencia, sino de autosuficiencia. Aunque sea con limitaciones, se puede vivir dignamente en familia.

Si el presidente de Estados Unidos quiere proteger la seguridad de su país y su economía, que encuentren formas de evitar que haya tantos consumidores de drogas allá, pues son ellos quienes la solicitan desde el sur y la pagan. La culpa no es solo del Sur; es sobre todo del Norte. Y que controlen la venta de armas, para que tengan más seguridad. No la quieren restringir, porque su producción es uno de los soportes fuertes de su economía. Por otra parte, si todos los recursos económicos que van a emplear para defender su frontera los invirtieran en generar empleos en nuestros países, disminuiría la migración clandestina. Y si, como hace Canadá, Estados Unidos ampliara más la cuota de trabajadores temporales documentados, otro sería el panorama.

Mientras tanto, seguiremos ofreciendo a los migrantes centroamericanos, y de otros países, que pasan por nuestro territorio, una estancia digna en nuestros albergues que hemos implementado para ellos. Y que seamos más solidarios con quienes encontremos en la calle, o pasen por nuestras casas.
“Que el Espíritu Santo nos guíe a
realizar un verdadero camino de conversión”.

*Obispo de San Cristóbal de Las Casas