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Cuatros y chamaqueos

  • Salvador del Río

El verbo “chamaquear” sentó plaza en la política cuando Fidel Castro difundió el famoso “comes y te vas” que revelaba la candidez de Vicente Fox en su conversación con el comandante de la Revolución Cubana. La censura a ese recurso mediático de Castro no invalida el hecho objetivo de un diálogo en el que el entonces presidente de México fue exhibido por su estulticia en el tratamiento de la relación entre los dos países.

El chamaqueo es hoy un recurso corriente en la política nacional e internacional, alentado por el uso y el abuso de las herramientas de la tecnología, a los que se acude con cada vez mayor frecuencia; el video, la cámara escondida, el rumor, la noticia falsa o verdadera en las batallas políticas para destruir al oponente. El chisme, la versión falsa o verdadera, la “volada”, el “borrego”, prácticas inveteradas de la comunicación, trascienden de lo oral y el medio rudimentario a los planos de la distribución masiva en los medios electrónicos.

La diputada local Eva Cadena, aspirante a la Presidencia Municipal de Las Choapas, Veracruz, cayó en la trampa que la dirigencia de su partido, específicamente su presidente, Andrés Manuel López Obrador, califica como “un cuatro” de la mafia del poder, tendido cuando en tres ocasiones recibe y acepta sin lugar a dudas –las escenas no han sido desmentidas— recursos para su propia campaña y que, admite, entregará al propio López Obrador por parte de ignotas manos de la corrupción. La dirigencia del partido Morena, por el cual contendía la diputada con licencia Eva Cadena podrá afanarse en lavar la cara de la organización política aduciendo que se trata de un chamaqueo, de una argucia política en la que su representante habría caído. Es cierto. El caso de los videos difundidos sobre los dineros recibidos por la expanista, tránsfuga hacia el partido Morena, no es único en la política de partido alguno. El problema de la corrupción, como el delito de robo, es grave en tanto que se comprueba y sale a la luz. No valen las protestas de honestidad a toda prueba aducidas por Andrés Manuel López Obrador luego de conocerse el video distribuido sobre los recursos entregados a la diputada. Un político como López Obrador podría ser un hombre honesto en lo personal, pero en lo político acepta, como muchos otros, que en la guerra como en la política todo se vale.

Siendo jefe de Gobierno del Distrito Federal Andrés Manuel Obrador, un subrepticio video reveló, sin desmentido al canto, los millones de pesos entregados a su secretario particular, René Bejarano, por parte del empresario argentino Carlos Ahumada. La memoria de la colectividad es corta. De esa revelación López Obrador salió indemne, como librados son decenas de políticos, hombres públicos de todos los niveles que aparecen en las redes sociales con revelaciones supuestas o falsas sobre actos de corrupción en los que son exhibidos. El caso de la diputada Cadena, quien ayer debe haberse presentado ante el Tribunal Electoral a instancias del propio partido Morena, no es el único ni puede considerarse un hecho aislado en la política del país, en la que la verdad de una noticia puede convertirse en mentira o en justificación por la revelación misma que se hace a través de las redes sociales; o, como dijera Oscar Wilde, la verdad es una cuestión de estilo, pero también de percepción en la opinión pública.

Lo que ocurre es que en el avance de la tecnología el rumor, el golpe bajo, pero también la corrupción palpable y comprobable cobran una dimensión enorme en la difusión de un universo que trasciende las fronteras de lo nacional y lo internacional para convertirse en instrumentos y armas en las batallas frente a la opinión pública y, en ocasiones ante la justicia.
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