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Cuauhtémoc Blanco, de pena ajena / Cuchillito de Palo / Catalina Noriega

  • Catalina Noriega

Menuda joya se echaron a la bolsa los ahora desgobernados habitantes de Cuernavaca. Para su desgracia, el exfutbolista, en lugar de darle patadas al balón, se las da a quienes se pusieron en sus manos.

Bien dicen que no es “culpa del indio, sino de quien lo hizo compadre” y los que depositaron su voto por semejante fantoche pagan la culpa de su falta de juicio. ¿Será por ignorancia, por hartazgo contra el sistema, por echar fuera a la ahora tan odiada clase política, que los ciudadanos se deciden por personajes populistas y fuera de cualquier convención?

En Estados Unidos reluce un Donald Trump, ignorante y fascista, a la cabeza de las preferencias para la candidatura presidencial del Partido Republicano.

Se vio en España, con el triunfo de “Podemos”, bajo la batuta de Pablo Iglesias, otro engendro de mediocridad y, por supuesto, populismo. Ningún país se salva de entronizar a esperpentos que prometen bajar el cielo y, al llegar, mandan a todo hijo de vecino, al infierno.

Es la lucha actual contra el “establishment”, contra las instituciones que lo conforman, sean los Partidos, la Iglesia, los gobernantes. El hartazgo de las masas se enfoca hacia quienes considera le han arrebatado la tranquilidad, el acceso a las oportunidades, el empleo, la seguridad y demás garantías que le daban al ser humano certeza, en épocas
pasadas.

Quien tenía un trabajo sabía que iría subiendo en la jerarquía de la empresa y de ella saldría con una jubilación. Las actuales leyes laborales desprotegen al hombre, al que se pone de patitas en la calle, “porque está haciendo antigüedad, o le cayó gordo al jefe”.

Si se trata de seguridad, salir a la calle se ha convertido en un alto riesgo: cuando no te asaltan, te ves en medio de un fuego cruzado. Los secuestros, las extorsiones, -¡vamos!, hasta contestar el teléfono asusta, cuando al otro lado de la línea escuchas gritos de horror de la que, presuntamente, es tu hija-.

Se acabó la certeza, la seguridad, la calidad de vida y los políticos con capacidades de liderazgo y de estadistas. A falta de propuestas, la gente, que tanto ha perdido, vota por cualquier mequetrefe que alce la voz y prometa algo distinto.

El conocido como “Temo” llegó a la presidencia municipal de Cuernavaca, cobijado por un partido local, el Social Demócrata. De pésima fama, el organismo es propiedad de la familia Yáñez Moreno, a quien se acusa de vivir del presupuesto. Encandilaron al jugador y quién iba a decir que arrasaría en las urnas.

Centró su campaña en el contacto con el pueblo. Recorría mercados, colonias marginadas y lograba que se identificaran con su persona, diciéndoles que él era igual que ellos, que venía desde abajo, que no era político y no iba a robar.

Por lo pronto ya les robó: ni ha devuelto la tranquilidad, ni se ocupa de nada, ni se aparece por el ayuntamiento, ni recibe a quienes intentan presentar su queja. Se coronó desapareciéndose varios días, para entrenar para un partido de despedida. Dejó plantados a los niños de una escuela y a un grupo de adultos mayores que exigían descuentos por edad a sus prediales y que se detuvieran los aumentos. Acabaron arrojando huevos y jitomates al palacio municipal.

Lo grave es que estamos llenos de Cuauhtémoc Blancos. En el Congreso, la “chapodiputada”. En Guerrero, el Abarca de Iguala y cuantos otros como él, que infestan las alcaldías en toda la República.

Los cuernavaquenses ya probaron la hiel del voto equivocado. ¿Servirá de ejemplo para estas próximas elecciones?

catalinanq@hotmail.com

Tuiter: @catalinanq