imagotipo

Cuchillito de Palo

  • Catalina Noriega

  • Vientres subrogados
  • Catalina Noriega

Hay parejas que frente a la imposibilidad de tener un hijo rechazan adoptar y se deciden por la “maternidad subrogada”. El tema es complejo y se presta a una auténtica explotación de la mujer.

En Tabasco, hace un par de meses, el conflicto le estalló en las manos, al Gobierno. En la pasada administración se legisló y permitió. Arturo Núñez, ante los numerosos problemas que ocasionaba la permisibilidad, decidió se modificara la Ley (enero del 2016), por lo que quedó prohibido que los extranjeros recurrieran a este método.

Había matrimonios que ya esperaban a su vástago, por lo que al nacer se dejó a esos niños, en una especie de limbo, sin la posibilidad de obtener el acta de nacimiento. Los foráneos pusieron el grito en el cielo y exigían que se les entregaran las constancias, a fin de regresar a sus países de origen.

El dislate obligó a que, las embajadas de las naciones de pertenencia de los progenitores, tomaran cartas en el asunto y solicitaran se cumpliera con el trámite. Núñez tuvo que intervenir y se solventó la petición, aunque dejó muy en claro que estas mismas, y el resto, de las delegaciones extranjeras, tomaran nota de que se les acababa el “paraíso tabasqueño”.

Pocos Estados en el mundo, autorizan la práctica que consiste en que una mujer “preste” su vientre para albergar a un niño que, en cuanto nazca, entregará a quienes aportaron el huevo.

Se puede hacer de dos formas: Tradicional, cuando la gestante aporta su óvulo y el espermatozoide proviene del padre o de un donante. La Gestacional, cuando el óvulo y el espermatozoide los aportan los solicitantes o usan donantes.

Quien hace el papel de incubadora, recibe a cambio los cuidados médicos, su manutención y cobra una cantidad que puede ser importante. En cuanto algunos listos percibieron que podía ser un negocio redituable, empezaron a proliferar clínicas y agencias.

Se dedican a reclutar a las chicas que cubrirán el servicio. Mediante “acuerdos” con clientes nacionales y extranjeros, rentan el cuerpo de las mexicanas. Se ocupan de darles la atención requerida, alimentarlas e incluso las acomodan en sus propias instalaciones y, una vez que se concluye con éxito, las recompensan con un pago.

En el mismo Tabasco, la clínica Planet Hospital, ejercía malos tratos contra las embarazadas y las dejó desprotegidas, cuando tuvo que cerrar, al descubrirse que había estafado a varias parejas.

En Quintana Roo, la agencia Surrogacy beyond borders, las maltrataba y obligaba a vivir en instalaciones insalubres y alejadas de
su familia.

La mentada práctica se presta a conflictos serios, como la estafa –por parte de la clínica-, o el incumplimiento, del lado de la gestante. En otras naciones se dieron casos de mucha resonancia, cuando el bebé nació con algún problema físico, motivo por el que, quienes lo encargaron no quisieron recibirlo.

Francia, España, Portugal, Alemania, Italia y Bulgaria, lo prohíben. Ucrania y la India, hacen un gran negocio. El costo en California va de los 130 a los 150 mil dólares. En México y la India oscila entre 50 y 80 mil dólares.

Entre los muchos pendientes del Congreso está el de legislar sobre la materia, la que, a ojos vista, supone una explotación de la mujer, con fines reproductivos. En Tabasco, Sinaloa y la Ciudad de México, está reglamentada. En Coahuila está prohibida. En el resto de la República hay un vacío legal, a pesar de la presencia de empresas, que en general abusan de quienes se contratan, por necesidad, hambre, marginación y pobreza.
catalinanq@hotmail.com

@catalinanq