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Cuchillito de Palo

  • Catalina Noriega

  • Duartemanía
  • Catalina Noriega

Javier Duarte se convirtió en el símbolo de la corrupción; del político que llega a llenarse las manos, a costa de la sociedad; del impresentable que, en su podredumbre, ensucia lo que hay a su alrededor.

De memoria corta, como somos, las escandaleras del destape de cualquiera de estos pillos, tapan el resto de las fechorías cotidianas. Se quema en leña verde al presunto culpable, mientras pasan al baúl de los olvidos las múltiples hazañas, de una larga lista de sátrapas. Se le cargan hasta el último de los latrocinios, en tanto socios y colaboradores, transitan al feliz oasis de las sombras.

En este trópico todo se perdona y, en cuanto caen las hojas del calendario, nos volvemos amnésicos a los nombres de los facinerosos, que debieran estar tras las rejas.

Cae Duarte, ¿y?, ¿se recuperará el patrimonio de los veracruzanos o irá a dar a los que ahora ocupan su lugar? ¿Se consignará a la interminable nómina de funcionarios que participaron del convite? ¿Se encausará a la familia directa e indirecta, que aprovechará la fortuna del malandrín?

Por lo pronto, ¿tendrá la sanción que merece? El enriquecimiento permite contratar a los mejores abogados. Leguleyos capaces de cambiar la historia, en beneficio de quienes les pagan cantidades inimaginables. ¿Ha podido el mandamás de Nuevo León, conocido como “El Bronco”, conseguir que su predecesor reintegre aunque sea parte de lo que se llevó y expíe su culpa, donde tendría que hacerlo? A Medina lo cobija uno de los mejores penalistas del país y de acuerdo al curso de la batalla legal, el exgober saldrá ileso.

Otro tanto vimos con Moreira, a quien hasta disculpas le pidieron en España, porque la acusación en su contra no se sostenía. Probar es difícil y más aún cuando se tiene el poder de manejar una administración pública y a los de abajo se les convierte en esclavos.

En cuanto a Duarte, espeluzna el pensar en su capacidad para corromper. De Secretaría en Secretaría, saltan desfalcos, compras irregulares, tranzas sin fin, que “servidores públicos” de los diversos niveles tuvieron que concretar en los papeles, esconderlas y solaparlas.

Llama la atención que ninguno renunciara y denunciara la porqueriza generalizada. Que no hubiera voces disidentes para dar a conocer los mil trastupijes. Unos habrán callado por conservar la chamba; otros, deben ser cómplices directos y con seguridad también beneficiarios.

Desmantelar un aparato enfermo, de ésos tamaños, debiera ser la primera acción del sucesor, aunque poco puede esperarse de alguien que llegó con una cola más larga, que la de un cocodrilo.

Y si el ahora prospecto de extraditado, pudo manipular a la administración, habría que irse al pasado y ver lo que hizo y dejó, Fidel Herrera Beltrán. Se supo que su mandato fue mega corrupto; que facilitó el ingreso y empoderamiento de los narcos y que acrecentó sus haberes en forma impresionante, gracias a que se “sacó varios premios gordos de la lotería”.

Una impunidad en cadena, que se arrastra y le añade eslabones, hasta cercar a quienes de una u otra forma colaboran en un régimen. Lo mismo proveedores, que empresarios, en mancuerna con burócratas, aceptan la reciprocidad de tratos inmorales, deshonestos. De la comisión (De la que tantos recuerdos dejó Raúl Salinas de Gortari), a la construcción de obra de nula calidad, o la tragedia de medicinas que incumplen con las normas sanitarias.

Si en verdad se quiere limpiar a Veracruz, habría que barrer la podrida estructura, de arriba abajo. Con Duarte, no basta.

catalinanq@hotmail.com

@catalinanq