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Cuchillito de Palo

  • Catalina Noriega

  • Infancia es destino
  • Catalina Noriega

Mañana se celebra el Día del Niño. Una festividad, como tantos otros jolgorios aztecas (Día de la Madre), en las que se les agasaja con un par de caramelos –si tienen suerte-, se les señala como el “futuro de la patria” y sanseacabó y cada chango a su mecate. Ni quien vuelva a tener en cuenta al “semillero” nacional.

La mayoría de los niños habitan en una República en la que, la enorme suma de problemas hace a un lado prioridades, como el de darle a la infancia un mejor futuro, la oportunidad de desarrollarse y transitar hacia un camino de éxito.

Si nos atenemos a los datos, los chiquillos carecen de derechos. Los índices de maltrato infantil crecen y gran parte de los abusos provienen de la familia más cercana. El reciente caso de una abuela, que torturaba a un par de pequeños, es común y qué decir de progenitores que los agreden, sin que se les defienda.

Autoridades omisas permitieron que lo que fue una institución valiosa, el DIF, cayera a extremos, que resulta casi inútil. A los pequeños a su cargo, en el pasado, se les canalizaba a organismos de la sociedad civil, para su educación y cuidado. Ahora ni se molestan. Los dejan en sus albergues, donde los tienen malcomidos y ni siquiera se les manda a la escuela.

Las fundaciones filantrópicas particulares se quejan de la pésima calidad de la atención y los servicios, de la dependencia que solía presidir la “primera dama”. Solía, porque parece que la dirección está vacante y sólo queda un cascarón vacío. Exigen que les manden a los chicos, de los que podrían ocuparse con la responsabilidad debida.

En días pasados, Sylvia Schmelke, mandamás del Instituto Nacional de Evaluación Educativa, declaró que más de tres millones dejaron las aulas, por problemas económicos. La deserción persiste y supone un auténtico reto.

Poco interesan quienes ni tienen voz ni voto. Un millón 600 mil menores de cinco años, presenta desnutrición crónica. La carencia de una alimentación adecuada afecta al cerebro y los marcará de por vida. Progresa, según la voz autorizada de Rogelio Gómez Hermosillo, tendría que enfocarse en este problema.

Se hizo alarde de la Cruzada contra el hambre –de la que poco vimos- y siguen sin abatirse las cifras de esta plaga que condena a un grueso sector de la población infantil, a una vida de desgracias, de enfermedad, de dificultades o incapacidad absoluta para el aprendizaje. Tan poco importa, a la clase política, que el dato solo ha bajado 8 puntos porcentuales, desde el 2006, cuando en otros tiempos se tuvieron resultados excelentes.

Y el medio ambiente incide en el desastre. Viven la violencia presente en todos los ámbitos. Sus juegos copian las imágenes brutales, que ven en los medios de comunicación. Se les bombardea con el crimen, los asaltos, el delito. Son sujetos de bullying, cuando no lo ejercen. Los enganchan a la droga, regalándoles o vendiéndoles, a las puertas de la escuela y en los parques, pasteles y alimentos hechos con marihuana o cocaína. Enfrentan el abuso constante de sujetos disfuncionales, resultado de un deterioro del tejido social, patente.

El rector de la UNAM, Enrique Graue, lo dejó en claro. Casi dos millones de alumnos, de 10 a 17 años, se han drogado. Insistió en que “toda sustancia psicoactiva genera problemas en niños y adolescentes. Afectan el desarrollo neurológico y hay efectos negativos sobre la memoria y el aprendizaje”.

Sufren la incertidumbre de un mañana que poco les ofertará. Habría que poner remedio y esforzarnos en dejarles un país mejor.
catalinanq@hotmail.com

@catalinanq