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Cuchillito de palo

  • Catalina Noriega

¿Democracia o“leperocracia”?

Si las campañas fueron un lodazal, la jornada electorera no se quedó corta. A los “candidotes” les salieron sobrando las reglas y en plena violación a la norma, se declararon triunfadores.

Les importó un pepino la convocatoria del presidente del INE –quien demandó silencio, hasta que hubieran datos precisos- y salieron eufóricos, a gritar sus respectivos éxitos. Ignorar la ley es una costumbre azteca, que parece que se acentúa en los procesos electorales.

Ningún partido puede alardear de haber actuado con limpieza y transparencia. Salieron a la rebatinga y desde los primeros días empezaron con el consabido regalito, a cambio del voto, fuera chico o grande.

Los más pudientes se fueron hasta la cocina y acabaron ofertando miles de pesos, por cruzar la boleta a su favor. En el Estado de México pepenaron al chofer de Ricardo Monreal, con algunos miles en efectivo, una pistola y balas. Por supuesto, el ínclito “Moreno”, exgobernador de Zacatecas, salió a decir que era un cuatro.

¿A quién creerle si se les conocen las mañas? A un colaborador de Monreal, con un alto cargo en la Delegación Cuauhtémoc –feudo del también experredista-, se le agarró con una “cajita de zapatos” llena de billetes. Se olvida que todos provienen del mismo árbol político, el Tricolor.

De haberse dado una diferencia de varios puntos, entre uno y otro suspirante, los rezongos se calmarían con rapidez. El problema es la corta distancia, entre Alfredo del Mazo y Delfina Gómez –Edomex- y Riquelme y Anaya –Coahuila-.

¿Qué quiso dejar en claro el electorado? En primer término que somos un país dividido en su opinión, su forma de pensar y su respuesta al status quo. Del Estado de México se conocía la predominancia regional hacia la Izquierda y del otro lado, a la Derecha. Hubo alguna sorpresa, como fue el que el PRI o Morena ganaran en municipios que se presumían estrictamente parte del “corredor azul”. Pésimos presidentes municipales e igual de corruptos que los priistas, desgobernaron alcaldías que, por años, habían sido ejemplo de un Acción Nacional con mística y valores. Se les pasó factura y sus otrora seguidores sufragaron por un cambio de siglas.

Al Revolucionario Institucional le tocaron lecciones duras, como su fracaso en Ecatepec –que en forma mayoritaria se inclinó a Delfina-, a pesar de ser territorio del actual gobernador, Eruviel Ávila.

Empiezan las denuncias judiciales y, ni duda cabe, tardaremos en ver quién se queda con la Joya de la Corona,  a casi tres puntos de ganancia para del Mazo (PREP).

Otra característica, que llegó para quedarse, está la que inauguró –y siempre ha seguido- López Obrador, en cuanto a declararse vencedor y rechazar la mínima posibilidad de derrota. Se sabía que iba a impugnar, en el caso de un fracaso y acabará el sainete en el Tribunal Electoral de la Federación, así que el tema va para largo.

En Coahuila, tampoco su población reflejó un “asco excesivo”, a los desmanes de sus desgobernadores Moreiras. El resto de la República creyó que sería apoteósico y hete aquí que el tricolor pudiera retener el máximo cargo. Se juzga con los ojos del exterior y se especula, sin conocer a fondo lo que piensa la sociedad de un enclave determinado.

En Nayarit batearon al PRI, lo mismo que en Veracruz, donde Morena se hizo de Xalapa, avance notorio para el partido de AMLO. Habrá que esperar a la balanza de la justicia, aunque queda claro, como decía mi abuelo, que en estos procesos más que democracia, lo que hubo fue leperocracia.

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