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Cuchillito de palo

  • Catalina Noriega

Frente Amplio

La oposición entendió que necesita aliarse. El triunfo del PRI en las elecciones del Estado de México y Coahuila –por discutibles que fueran los métodos- confirmó que la vetusta maquinaria todavía tiene fuerza. La única forma en que los contrarios pueden ganarle es uniéndose.

Los Consejos cupulares del PAN y el PRD decidieron ir juntos a las elecciones del 2018. Tuvieron sus respectivas reuniones y se dieron el mutuo sí, aunque habrá que ver lo que les representa, sobre todo al Sol Azteca.

Conciliar a las tribus es imposible. Hay corrientes opuestas a la conocida como mezcla del agua y el aceite. Sobresale la de René Bejarano, quien, a pesar de su etiqueta de Señor de las Ligas y los aspectos oscuros de su trayectoria, tiene capacidad de movilizar a un sector fuerte.

El ideal para ellos sería ir con López Obrador, pero una vez más el propietario de Morena, les dijo no. Por enésima ocasión y en vista de que Zepeda se negó a declinar la candidatura a favor de Delfina, el tabasqueño los manda a tomar el aire fresco, frente al discurso de la Barrales.

La actual presidenta del partido, invita a todo hijo de vecino –organizaciones civiles, intelectuales, académicos- a coaligarse para un 18, en el que sabe que solo así conservarán el registro y algunas posiciones importantes.

De no haber sido por el acierto de nombrar a Juan Zepeda como candidato a la gubernatura del Edomex, el perredismo habría terminado de encogerse. El éxodo a las fuerzas de López Obrador le arrebata a un porcentaje amplio de miembros de todas las jerarquías. La última salida de un grupo de Senadores –encabezados por el poblano Barbosa-, para muchos supuso la extinción del que fue el emblema de una Izquierda que, bajo la batuta de Cuauhtémoc Cárdenas y compañeros, logró aglutinarse.

Y esto es justo lo que quiere Andrés Manuel: jalarse a la base del perredismo a sus filas y dejar fuera a la cúpula de su andamiaje.

Tampoco será fácil para el PAN. Inmerso en unas rencillas, que parecen insuperables, sabe que tampoco solo, alcanzaría volver a Los Pinos. Lo grave, en su caso, son los suspirantes que pelean por el primer lugar.

Margarita Zavala, a la cabeza, insiste en que, al ser la más alta en las actuales encuestas, se debe acelerar la nominación para contar con el tiempo necesario para abrir camino.

El joven maravilla (Ricardo Anaya), igual de ambicioso, retrasa la petición de la exprimera dama e intenta frenarla. Se reúnen los de arriba y discuten si ésta elección, será por votación universal, o solamente de consejeros. Ni en eso logran ponerse de acuerdo, mientras entregan una imagen pública, de un partido hecho trizas, por los egos de tanto apuntado.

Felipe Calderón socavó las entrañas de Acción Nacional. Cuando Presidente de México, tomó las riendas del partido, dividió a la militancia e impuso a Germán Martínez Cásares y al todavía peor, César Nava.

Con el par de asignaciones consiguió el alejamiento de personalidades claves en el organismo. De hombres y mujeres de gran tradición, de años de pertenencia y de fundamentos sólidos. Quiso sustituirlos por sus enanos, sin tamaño para reforzar a la fuerza política de tradición.

Al término de su mandato, un partido debilitado trató de cambiar el rumbo, pero, hasta ahora y en manos de un personaje sin arrastre, cae al cuarto lugar.

La alianza debería ser factible. Lo difícil será la aceptación de un candidato único. O, ¿la cantidad de protagónicos que pelean el puesto, tendrán la humildad de declinar a favor de otro? Se ve en chino.

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