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Cuchillito de Palo

  • Catalina Noriega

  • Catalina Noriega
  • “El burro hablando de orejas”

 

Se cerraron las urnas, se declararon triunfantes y, a partir de esa noche se deshacen en discursos sobre la forma en la que van a castigar, a los que aún detentan el poder. Sobresalen, por supuesto, Miguel Ángel Yunes y Javier Corral, futuros señores de horca y cuchillo, de Veracruz y Chihuahua.

Corral ya había denunciado a César Duarte, quien, como se supo desde hace meses, tuvo la desfachatez de convertirse en propietario de un banco. Cuando se corrió la deplorable historia, el panista demandó al cínico desgobernante, por enriquecimiento ilícito, abuso de autoridad y otras lindezas.

Yunes inicia su escalada a las nubes del Olimpo, vociferando en contra del también de apellido Duarte (Javier), ocupante de la máxima sede veracruzana.

Brutal la corrupción del par de personajes, además de dejar a sus entidades con un endeudamiento catastrófico. Duarte, encima, represor, déspota, ciego ante una inseguridad que tiene en vilo a los habitantes. Quienes ya pronto ocupen su lugar, tendrán que hacer maroma y media, para enderezar las finanzas estatales y poder cubrir gastos indispensables, como el de la nómina.

A su paso por el Congreso, César Duarte ocupó la presidencia de la Cámara de Diputados. Parecía un hombre sereno, lejos de llegar a un cargo –como al que accedió-, para servirse de él con una rapiña y una desvergüenza monumental.

La norteña sociedad, castigó en las urnas y votó por la alternancia, en vista de la porqueriza. El indigno ejecutivo fue omiso con la problemática de su Estado, en renglones como el de la marginación y la miseria en la Sierra Tarahumara. No solo se hizo el loco con la pobreza de las comunidades indígenas, sino que atacó al jesuita, Javier Ávila, quien, a nombre de una asociación civil, defiende sus derechos.

La respuesta fue el intento de denostar a un sacerdote que ha dejado su vida al servicio de los Rarámuris, digno heredero de monseñor Llaguno, pilar de la etnia a la que de siempre han ignorado los tantos desgobernantes.

La acusación de Corral ya debió seguir su curso, aunque, mientras no se dé el cambio, los tribunales deben tener anclado el expediente. La cuestión es que se evite que el interfecto ponga pies en polvorosa, antes de que se le encause y se le sancione como merece.

Lo de Yunes es otro cantar. Mientras Corral no tiene cola que le pisen, la del exultante jarocho le da dos vueltas al planeta. En la campaña se destapó su apabullante fortuna en bienes raíces. Parecía inconcebible el que, si la ciudadanía estaba asqueada de la podredumbre de Javier Duarte, se decidiera por un individuo que llega ya, con el tufo de la peor corrupción.

A qué extremos se sintió agraviada la sociedad, que mandó al demonio al Revolucionario Institucional y, a sabiendas de la clase de alimaña que se echaba a la bolsa, determinó elegirlo. Al emisario de López Obrador le tuvieron pánico, en vista del absoluto respaldo del tabasqueño a la CNTE y sus aberraciones. Ningún padre quiere ver a su hijo sin clases, por la grilla magisterial.

Prefirieron a un cuatrero, que se roba el ganado a la vista de todos, aunque con seguridad será el foco de atención del millón de personas que sufragaron por él. Saben que es corrupto, tendrán que atarle las manos. Y al “joven maravilla”, cabeza de la cúpula panista y dadas sus inocultables aspiraciones, más le vale ponerse las pilas y supervisar cada uno de los pasos, del perverso que ostenta su membrete.

Ni para donde hacerse. ¡De esos tamaños están los liderazgos en este trópico!

catalinanq@hotmail.com

Tuiter: @catalinanq