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Cuchillito de palo

  • Catalina Noriega

Paraíso perdido

Quintana Roo tenía todo: belleza natural espectacular, comida regia, una sociedad de personas amables, serviciales, de primera. La desgracia de tener desgobernantes sátrapas, la empieza a convertir en el paraíso perdido.

¿Cuándo se perdió la tradicional tranquilidad? Ni duda cabe que fue con Mario Villanueva Madrid –el forajido que terminó extraditado a una cárcel gringa-. A él se debió el ingreso del negociazo del narco, con la consabida llegada de la violencia.

A raíz de su detención y proceso, pareció recuperarse la paz. Había pocas noticias, en la página roja, que mencionaran a la entidad, a la que suspiraban por llegar miles de europeos, amantes de sus playas y su ambiente.

Conocí, hace años, en un remoto lugar de Holanda, a una pareja que vacacionaba, año con año, en Playa del Carmen. Por sus referencias, se les habían unido un grupo grande de amigos, que compartían el deleite tropical.

Les faltaban palabras para expresar la bendición de poder pasar el verano en una tierra privilegiada. Hace poco me escribieron que determinaron cambiar de locación.

El turismo internacional infló los precios hasta las nubes y, lo que antes suponía un remanso con un costo razonable, a pesar de lo benéfico del cambio de euros a pesos, se volvió prohibitivo.

Lo más grave es que la fama de la inseguridad traspasa fronteras y aleja visitantes. No se puede tapar el sol con un dedo y, las frecuentes balaceras, horrorizan a los ojos del exterior y a los habitantes del otrora edén.

La podrida administración de Roberto Borge -encarcelado en una prisión panameña, a la espera de extradición-, prendió la mecha. El negociazo que hizo con terrenos propiedad del estado y otros que vendía a precio de ganga -a familiares y amigos-, fue el motivo para conseguir la orden de aprehensión.

No fue toda la porqueriza que instauró: extorsiones, ataques a la prensa, a la libertad de expresión, a quienes estaban conscientes de sus trastupijes. Creció el número de homicidios y empezaron los consabidos ataques entre bandas, hasta atemorizar a la población.

Aparece ahora un grupo de empresarios, que convocan a que se creen “autodefensas” en contra de la corrupción. Los encabeza Carlos Mimenza Novelo (OEM), del ramo inmobiliario, quien invita a la República entera, a denunciar –mediante video-, actos contrarios a la ley, a cargo de “servidores públicos”.

Le declara la guerra al Partido Verde Ecologista, al que acusa de mentir -en cuanto a su bandera de defensor del medio ambiente- y dice que es un cuento que protejan a los animales.

Habría que saber el fondo del asunto. El conocido como Niño verde (Jorge González Torres), casi propietario del partido, tiene propiedades en Cancún y ha protagonizado más de un escándalo gordo (El “suicidio”, desde un balcón de su departamento, de una joven, en medio de una de sus famosas fiestas, entre otros chascarrillos del tal Pirrurris).

Si Mimenza habla de exhibir la corrupción es porque sigue vigente, a pesar del cambio de Gobierno y de la llegada del PRD, o de un priísta que cambió de camiseta.

De Carlos Joaquín González, actual mandamás, se presume que es un hombre de trayectoria limpia, conocedor de la entidad y dispuesto a enderezar el rumbo. De momento, poco se ha visto en el terreno de la delincuencia, la que, de no atajarse acabará con la fuente principal de su economía.

Habla mal de su administración, el que algunos empresarios fomenten las “autodefensas contra la corrupción”. Sobre todo, tanta balacera, apesta.

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