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Cuchillito de Palo

  • Catalina Noriega

  • Catalina Noriega
  • Esclavitud

Aunque haya quien lo ponga en duda, la esclavitud es uno de los peores azotes de este siglo. Parecería imposible el que exista en medio de una época de grandes avances científicos, tecnológicos y con una cultura de los Derechos Humanos, a nivel universal.

Sobran lugares en el planeta en los que todavía se obliga a las niñas a casarse. En donde la familia las vende, a cambio de unas cuantas monedas –lo que también ocurre en esta República mexicana-. Hace pocos meses se conoció el caso de una joven (Zundiari), a la que tenían encerrada en una tintorería, donde la obligaban a trabajar en horarios impensables.

El tema se lleva con frecuencia a la pantalla y basta con recordar “Diamantes de sangre”, o la película del mexicano Alejandro González Iñárritu (Biutiful), donde plasma la explotación de inmigrantes ilegales, por parte de mafias chinas, en Barcelona.

Organismos internacionales denuncian las condiciones infames en las que intentan sobrevivir niños a los que se usa para hacerse de un material que se utiliza para los teléfonos celulares.

Hombres, mujeres, de cualquier edad, que viven en auténticas cárceles, a quienes se somete a un maltrato inhumano, a torturas sin fin y siempre con peligro de perder la vida.

Para la “Walk free foundatin” (Fundación Camina Libre), más de 45 millones de personas la sufren. Considera que el 35 por ciento de esta cifra está en Asia. Da cinco ejemplos de los rubros en los que más se concentra:

Industria de pescados y mariscos.

Explotación sexual (cerca de cuatro y medio millones de víctimas, a las que se engaña con promesas de convertirlas en modelos, actrices y demás).

Fábricas de marihuana y salones de uñas (Increíble el que se retenga contra su voluntad a miles de féminas, para hacer manicure y pedicure).

Mendicidad forzada (¡Qué tal las “Marías”!, indígenas a las que con engaños se obliga a trabajar de pordioseras).

Los cálculos del Índice Global de Esclavitud 2016 señalan que en América podría haber hasta 16 millones de seres humanos en esta condición. Haití y República Dominicana se consideran de los peores enclaves en cuanto a comercio sexual. México tiene el mayor número (376 mil 800), aunque se libra de estar entre los primeros lugares, porque solo supone el 0.29 de la población.

Hay otros campos en los que la explotación es igual de inicua, como el de la construcción, la manufactura, las granjas y las ventas minoristas o ambulantaje. En la manufactura habría que recordar la muerte de tantísimas costureras, en el terremoto de 1985. Trabajaban en condiciones infrahumanas y, con el sismo se vinieron abajo los locales donde laboraban, dejando al descubierto la tragedia de su situación.

En el campo de la maquila se cometen todo tipo de abusos sin que trasciendan al público consumidor. Está documentado el abuso de algunas de las más reconocidas marcas de ropa, las que no solo pagan salarios de miseria, sino que obligan a trabajar en condiciones de insalubridad absoluta.

Qué decir de algunas de las mayores cadenas de supermercados en las que someten a los empleados a una auténtica esclavitud, sin que las muchas denuncias en su contra tuvieran el mínimo éxito.

En mayor o menor grado, aunque se esté lejos de los horrores de los niños de los celulares, se revienta a personas urgidas de ingresos, con empleos mal remunerados, carentes de seguridad social y sin poder defenderse frente al explotador.

Para engordar al de arriba, no cabe duda de que, en este mundo deshumanizado se sacrifica a los de abajo.

catalinanq@hotmail.com

Tuiter: @catalinanq