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Cuchillito de Palo

  • Catalina Noriega

  • Catalina Noriega
  • La policía envejece

Y    la inseguridad, crece. Los tratamos con altanería, nos molesta su presencia, parece que son la escoria social y, o se les teme o se les ve sin el mínimo respeto. Sin embargo son indispensables.

Crónica presentó un reportaje sobre el diagnóstico de salarios y prestaciones de policías estatales y municipales del país, investigación a cargo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Son millones los que cuestan estos cuerpos policiacos.

A pesar de que sus percepciones son raquíticas -entre los 10 y 15 mil pesos, los de menor rango-, la nómina de los estatales y municipales asciende a 58 mil 454 millones de pesos. Raquíticas en tanto se trata de un oficio de alto riesgo, aunque en este trópico los salarios son anémicos.

Quienes proveen a la ciudadanía de protección, deberían tener ingresos y prestaciones a la altura de su responsabilidad. Ni el Estado los provee con generosidad, ni su actividad suele responder a las exigencias del puesto.

Policías inmorales que, a las primeras de cambio se “subcontratan” a cualquier banda de malosos; que delinquen con la mano en la cintura y lo mismo se dedican al secuestro, que a facilitarles la vida a los capos, quitando de en medio a sus enemigos.

Hay una nueva generación más preparada, con estudios en la academia –ahora obligatorios-. Por desgracia, son minoría y falta tiempo para que se pueda sustituir a los de la vieja guardia.

El problema, de acuerdo al estudio, es que están envejeciendo y los nuevos solo alcanzan a cubrir un porcentaje del 8.6 por ciento (entre 18 y 24 años), mientras la cuarta parte (25.5 por ciento) tiene más de 45 años y casi un 7 por ciento de éstos, 55. La diferencia de capacidad, cuando menos física, es inmensa. Los jóvenes pueden perseguir delincuentes, atraparlos y reducirlos, mientras que los “maduros” carecen de fuerza.

Un problema grave es que la mitad del personal de calle (51 por ciento), fluctúa entre los 30 y los 44 años y se concentra un 28.1 por ciento, entre los 35 y los 44. Si se toma en cuenta que son los que realizan labores de vigilancia, patrullan, atienden y controlan situaciones delictivas, es difícil que cuenten con la energía para llevarlas a cabo.

El envejecimiento de las policías remite al enorme monto que habrá que cubrir por jubilación. Si en otras instituciones los recursos son insuficientes, para el oneroso desembolso de pensiones, habrá que pensar en lo que supondrá mantener a los jubilados.

Los requisitos actuales de ingreso a la corporación se hicieron más rígidos y obligan a prepararse, aunque los tiempos para recibirse no son largos. Se ha hecho un esfuerzo, en particular en entidades como Nuevo León, para contar con auténticos “guardianes de la ley”, ajenos al viejo estilo.

Además de lo que supone para el presupuesto de egresos, hay una urgencia por contar con elementos calificados, ajenos a la improvisación y a las corruptelas de décadas, que denostaron al gremio.

Es claro que escasean los recursos públicos para ofertarles mejores salarios y prestaciones, lo que a muchos alejaría del problema actual de corrupción. Entre la “plata o el plomo” son pocos los que se determinan por una actividad ética. La tentación del dinero fácil los lleva a pasarse al otro bando, además de las presiones que sobre ellos ejercen jefes coludidos con las mafias.

La sociedad aspira a contar con una policía que le garantice protección y la resguarde de la zozobra de la inseguridad. Con recortes presupuestales y el fantasma de la crisis, menos se garantiza el cambio.
catalinanq@hotmail.com

Tuiter: @catalinanq