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Cuchillito de Palo

  • Catalina Noriega

  • Catalina Noriega
  • Un PRI agónico

Renovarse o morir. ¿Habrá sido esa la causa de la imposición de Enrique Ochoa Reza, a la cumbre del tricolor? Lo de renovarse está en veremos. Lo de morir, a pesar de que ellos creen que están muy sanos, la sociedad los percibe en plena agonía.

Los partidos políticos siguen sin entender la urgencia de hacer cambios profundos, que pudieran devolverles la credibilidad y la confianza de la sociedad. Para ello tendrían que reestructurar sus principios y poner su fundamento ideológico al día, sin perder su propia esencia.

Abandonaron plataformas, se divorciaron de la opinión pública, hicieron oídos sordos a su militancia. Rechazaron voces de la experiencia y las sustituyeron por rebuznos de lacayos. Se infestaron de una burocracia interna, ávida por conservar el hueso y sacarle, a ser posible, hasta el tuétano. Hicieron a un lado la mística, el orgullo de pertenecer a determinadas siglas.

La respuesta de la ciudadanía ha sido el rechazo. Se les califica de corruptos, de inútiles, de perversos, de lo habido y por haber, con o sin fundamento. Se les desprecia y se les castiga en las redes sociales con epítetos vergonzosos.

A la pregunta del ¿por quién votaste?, la respuesta es “por el menos peor”. Ni eligen a candidatos aptos para ejercer buenos gobiernos, ni les interesa un Congreso al que se llega por dedazos, por influyentismo, como premio de consolación.

Lo ganaron a pulso. Basta con revisar cualquier encuesta para medir sus grandes pérdidas, así en las últimas elecciones un triunfalista PAN alardea de una recuperación, ínfima si se compara con lo que fueron sus buenos tiempos.

De regreso al Revolucionario Institucional, muy poco puede hablarse de sus glorias del pasado, cuando ya ni la que fue gran maquinaria funciona. Los descalabros recientes confirman la falta de cualidades de sus desgobernantes, personajillos que lograron, no solo la pérdida de sus estados a favor de la oposición, sino el hartazgo popular hasta sus últimas consecuencias.

De la noche a la mañana, el “nuevo PRI”, el que recuperó Los Pinos, se transformó en el sujeto de los peores y más negros deseos de los aztecas. Le cayó la maldición de la gitana y se ve difícil que pueda escapar al embrujo de la magia negra.

Se aplaude la nominación del “joven maravilla blanquiazul” –Ricardo Anaya-, a quien se le imputan los recientes éxitos. Tampoco sería para tanta alharaca, hasta no ver de qué madera están hechos los ganadores. La del Yúnes veracruzano, desde luego está podrida. Se ve difícil que un corrupto de semejantes alcances, maneje honradamente a la entidad, así solo sea por dos años. Chango viejo no aprende maroma nueva y menos cuando las ancestrales mañas de este personaje, son de la ¡mega vieja! escuela.

Desde Los Pinos se envía a uno más de los cuatitos, a ocupar el lugar que dejó vacante Beltrones. Si el viejo lobo de mar no pudo con la tempestad, menos podrá un bisoño sin idea de lo que es ser timonel.

De Ochoa se dice que en dos años duplicó el déficit de la Comisión Federal de Electricidad: ¡Menuda recomendación! También y lo escribí en su momento, de sus ataques coléricos contra sus subordinados, artículo al que respondió a velocidad ultrasónica.

Ahora solo queda el “a lo hecho, pecho” y los priístas de viejo cuño tendrán que adaptarse al tecnócrata de “nueva envergadura”, o salir por piernas a alguna otra fuerza política, costumbre de moda.

Se cierra el círculo de “Atracomulco” y con él se alistan para el 2018. Como sigan como van se auguran resultados peor que negativos.
catalinanq@hotmail.com

Tuiter: @catalinanq