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Cuchillito de Palo

  • Catalina Noriega

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  • Inegi: un balazo en el pie

Pasó medio desapercibido, en vista de las desazones educativas. El Instituto Nacional de Estadísticas y Geografía (Inegi) se dio solito, un balazo en el pie. Al presentar el Módulo de Condiciones Socioeconómicas 2015, “borró de un numerazo” a millones de pobres, que según tan excelsas cifras ya gozan de “mejores ingresos”.

La respuesta a cargo del Coneval (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social) fue la de poner el grito en el cielo y exigirse retome la antigua metodología que fue a dar al caño, gracias a la gracejada de un conjunto de tramposos.

Hasta ahora, el Inegi fue un organismo con absoluta credibilidad, por su independencia de los juegos del poder. Lo presidió, a lo largo de varios periodos, un guanajuatense -Eduardo Sojo- gran conocedor de la materia y persona de intachable trayectoria.

Dejó su dirección al cumplirse el tiempo reglamentario para su permanencia, lo que sucedió en diciembre. Cuando se supo que Sojo salía, empezaron los rumores.

Se dijo que llegaría al puesto uno más (por todos lados los coloca) de los alfiles del Virrey Videgaray de Hacienda, Julio Santaella. Más de un columnista adelantó que sería un desastre, en tanto el Inegi podría perder esa autonomía que lo hizo sobresalir. La línea de los de arriba intentaría endulzarnos la píldora con datos de avances en diversos renglones, por supuesto, inexistentes en la realidad.

El número de pobres se achicó, gracias a la utilización de una “metodología distinta”, que hizo la clasificación de acuerdo al ingreso de los hogares y éste, ¡por gracia de Birbiloque!, creció un montón.

Dicho también por las lenguas largas, “Chayito Robles”, exdiligente mandamás de la Secretaría de Desarrollo Social, fue la fuente de “inspiración” para acelerar la chicana. Que llevaba tiempo demandándole a Estadísticas esta modificación, que por supuesto le permitiría “condecorarse” por el éxito de esa “Cruzada del Hambre” (de la que tampoco sabemos nada), que lograría “dobletearle el peso” a cualquier niño desnutrido.

Las finas artes de la experredista sobresalen a tal grado que, a pesar de que la mudaron de Desarrollo Social a Desarrollo de Vivienda, siempre está entre las luces de las candilejas, acompañando al tlatoani en cuanta gira hace y llenándose la boca de discursos demagógicos sobre el auxilio insustituible que, graciosamente, le da a la sociedad.

Si leyéramos al pie de la letra sus discursos, en esta República como que no queda nadie sin casa propia y menos sin justicia, en cuestión de conflictos de tierra. Frente a tanta maravilla deberíamos vivirle agradecidos.

Habrá sido ella o cualquier otro insigne representante de la minicasta divina, el caso es que se dio la salida de pata de banco de la cifra, la que le quita la inestimable credibilidad al Instituto.

El Coneval, al que preside Gonzalo Hernández Licona y que asimismo cumple una función importante de conocimientos y transparencia, hace hincapié en que no podrá hacer sus evaluaciones, al no contar con el instrumento del que partía: la cifra real de la pobreza.

Es cuestión mayor, a extremos que la Comisión Permanente del Congreso citó a Santaella y a Hernández para resolver la controversia. Si de algo se nos acusaba en el pasado, incluso a nivel internacional, era por la falta de estadísticas veraces y certeras. Se resolvió con el Instituto en manos de personas honestas e independientes. Habrá que subsanar el trastupije o las consecuencias serán funestas.

catalinanq@hotmail.com

Tuiter: @catalinanq