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Cuchillito de Palo

  • Catalina Noriega

  • Catalina Noriega
  • Alcaldes en peligro

Ser alcalde se convierte en una profesión tan peligrosa, como la de ser periodista. El homicidio de los ediles de Chiapas y Guerrero alertan sobre los riesgos de un cargo de elección popular, en el que se vive en la cuerda floja.

Las Asociaciones de alcaldes del país pusieron el grito en el cielo y exigen que se detenga la ola de violencia que cobró la vida de 79, en 10 años. 45 munícipes estaban en funciones; el resto, o eran electos o expresidentes municipales. A todos se les asesinó de forma violenta y la impunidad cubre a quienes liquidaron a estos hombres y mujeres (Recientemente, en el Estado de México, mataron a una).

Ya hay quien rechaza contender por el cargo. Las presiones contra quienes lo ocupan van desde la “obligatoriedad” del “moche”del presupuesto oficial, hasta exigencias de toda índole.

Lo mismo les demandan el que se hagan de la vista gorda, para cuantos ilícitos cometen estas bandas, que reciben amenazas para ellos y sus familias, atentan contra sus colaboradores más cercanos o les arman protestas populares, bajo las banderas que imponen estos sátrapas.

Da igual el partido en el que se milite. Lo mismo han muerto perredistas que priístas o verde ecologistas. Tampoco hace diferencia el que denuncien amenazas y soliciten protección de autoridades superiores.

Creer que todos están involucrados con la delincuencia, como se justificaban estos ataques en el Calderonato, es una injusticia. Por el contrario, muchos de ellos rechazan cumplir con las peticiones de los malosos y de allí la causa de que se les ataque.

Con diferencia de horas se masacró a Domingo López, mandamás de San Juan Chamula y a Ambrosio Soto, de Pungarabato, Guerrero. En el caso del indígena tzotzil se dice que la imposición política del Partido Verde, que desgobierna Chiapas es la culpable del zafarrancho, donde, además del edil murieron otras personas en plena plaza.

La Comisión Nacional de Derechos Humanos pide medidas cautelares para resguardar la paz, frágil por las confrontaciones interpartidistas, además de la presunta causa del conflicto, que fue la exigencia de pobladores de 40 comunidades, para que el alcalde repartiera 50 millones de pesos que les había otorgado el gobernador, como apoyo a los artesanos. Entre los desatinos y vandalismo de la CNTE y la problemática del reciente mapa político estatal, reaparecen problemas que se creían cuestiones del pasado, como la confrontación entre los diversos grupos indígenas.

Al presidente municipal de Guerrero le dispararon 600 balazos en 15 minutos. De vergüenza las declaraciones del gobernador. Héctor Astudillo, dijo que “la víctima viajó por zona peligrosa, con poca escolta y en horario inconveniente”.

De acuerdo a sus palabras, el libre tránsito tiene un límite: la noche. Si se quiere circular por las carreteras michoacanas –que fue donde lo masacraron-, hay que hacerlo a plena luz del sol.

Mientras Silvano Aureoles –reluciente gobernador de Michoacán-, pasea su palmito del brazo de una artistita, el territorio que se decía pacificado por la intervención de la Federación, sigue en vilo. Se piensa que a Soto lo mataron “restos” de la “Familia Michoacana” o de los “Templarios”, organizaciones que se suponían desaparecidas, a raíz del surgimiento de los grupos de autodefensa y la nominación de Alfredo Castillo, como “Comisionado para la seguridad”.

La violencia cabalga por la República entera, sin que parezca que las estrategias oficialistas funcionen. ¿Hasta cuándo?
catalinanq@hotmail.com

Tuiter: @catalinanq