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Cuchillito de Palo

  • Catalina Noriega

  • Catalina Noriega
  • A unos los matan; otros, ¡matan!

De escándalo el número de alcaldes asesinados. La asociación que los representa y otros organismos, exigen medidas de protección para quienes, de acuerdo a denuncias, viven amenazados. Pero si grave es que los maten, peor es que algunos de ellos liquiden a quienes los retan, les rezongan o les resultan incómodos.

El caso más emblemático es el del conocidísimo Abarca, presunto autor intelectual de la desaparición -¿Y muerte?-, de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Pasa ya el año de la tragedia y seguimos sin saber con exactitud, dónde se encuentran estos jóvenes y porqué se les esfumó de manera drástica. Menos oímos ni pío, en cuanto al proceso que se le sigue al munícipe y a su señora María de los Ángeles, de moral tan distraída.

Y si la “mancuerna” resultó diabólica, qué decir de lo sucedido a fines de julio, cuando aparecieron 10 cadáveres calcinados en una camioneta, en Cuitzeo, Michoacán. En uno de los poquísimos crímenes, resueltos avelocidad inaudita, se aprehendió al presidente municipal de Álvaro Obregón, Juan Carlos Arreygue Núñez, por su autoría de la masacre.

Se dijo que los fallecidos eran narcomenudistas y tenían cuentas pendientes con el mandamás michoacano, quien estuvo presente cuando los balearon e incineraron. ¡Menuda joya el insigne edil!

La noticia del esclarecimiento la dio el propio “gobernador” –Silvano Aureoles-, quien declaró que Arreygue era un pájaro de cuenta, que quiso contender por su partido (PRD), pero que cuando lo rechazaron se fue a los brazos del Partido del Trabajo y de Encuentro Social. Bajo esas siglas arrasó el 7 de junio del 2015.

El susodicho tiene una ficha de las que se catalogarían como notable. Fue director de seguridad de Álvaro Obregón y quien sabe qué tantos otros cargos. Rico, lo que se dice rico y ya se sabe que cuando hay dinero se les etiqueta de “empresario”. Poseedor de un rancho, Santa Fe –en un municipio ganadero colindante con Morelia, lo que facilita los negocios del narco, por la facilidad de acceder al aeropuerto- y de gran predilección por los caballos. Gestor en una comercializadora de Reynosa, Tamaulipas, enclave perfecto para manejar lo que parece fue su negociazo (Droga).

En el 2011 un empleado lo denunció por sus menjurjes oscuros y lo acusó por ser compadre y socio de Kike Plancarte, capo exlíder de los Templarios. Le catearon la propiedad y ahí quedó. Se supo que también era amigo de La Tuta, el Templario tras las rejas.

Lo inaudito es que, de acuerdo al dirigente del PT en Michoacán, cuando se le hizo candidato se envió su expediente al Instituto electoral estatal y se les devolvió sin que hubiera la mínima acotación sobre la trayectoria del individuo, que ya aparecía en los registros de la Procuraduría.

De aquí que, Reginaldo Sandoval Flores sostiene que la detención de Arreygue son sólo argucias o mañas políticas de Aureoles, para desacreditar al Partido del Trabajo.

El PT perdió su registro en las últimas elecciones, aunque parece que logró que se lo devolviera el INE. A la baja en sus resultados se ve que no se tienta el corazón para encumbrar a cualquiera que le reditúe votos, así se trate de un sátrapa. Lo mismo hace las demás fuerzas.

De los tres mil y pico de munícipes, habría que saber cuántos están involucrados con la delincuencia organizada. El porcentaje debe ser alto. Sin distinción de partido, la enorme cantidad de denuncias lo confirma. ¿Y sus padrinos? Como Pilatos se lavan las manos, a sabiendas de que los elegidos eran unos delincuentes.
catalinanq@hotmail.com

Tuiter: @catalinanq