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Cuchillito de Palo

  • Catalina Noriega

  • Catalina Noriega
  • Y vino ¡el pelos de elote!

Sin mayor aviso se presentó en la Ciudad de México el repudiado Donald Trump. La indignación popular reventó, lo mismo en el Ángel de la Independencia, que en el Monumento a Juárez. Las pancartas lo decían todo: Fuera Trump, Go Home y otras muchas en tono más ácido.

Llegó a Los Pinos, platicó hora y pico con Peña Nieto y pasaron a echar sus discursos frente a los periodistas. ¡Carambolas!, he aquí que vimos al doble del Doctor Jekyll, Mister Hyde. Menuda transformación la del hotentote ofensor de los mexicanos.

Daba la impresión de un “borregote”, con sus ojillos a media asta y el enorme corpachón coronado por sus pelos de elote. Se veía inerme y hasta frágil. Intentó justificarse diciendo que tiene muchos empleados mexicanos y que lo que busca, en pocas palabras, es la defensa de las fuentes de trabajo en su país –como es lógico-.

Ni pidió disculpas, como se lo exigían miles de tuiters, ni dio marcha atrás con lo del mentado “muro”. Aclaró que la pared, que se calló que quiere que paguemos, tiene el objetivo de frenar la entrada de drogas a su territorio y que será útil para detener el paso de armas (¿Se referiría a la inmunda operación del Fast and Furious, por la que les endosaron miles de herramientas de la muerte a los narcos?).

La ve perdida y de aquí que volara a la invitación. Sabe que sin el voto hispano no llega, sobre todo ahora, que cae en las encuestas, aunque nada está escrito.

En cuanto se conoció la noticia, la Clinton se injertó en pantera. Hizo hincapié en los insultos que nos ha hecho, como “violadores y criminales”. Tampoco ella, a quien se percibe como el “mal menor”, la tiene segura. Su problema con el destape de los correos oficiales, que manejó en su computadora particular, supone una afrenta para los gringos que, en gran porcentaje, la repudian.

En su perorata, el mandamás azteca dejó en claro que les había girado invitaciones a los dos; que a la exprimera dama yanqui, ya la conocía y que era “muy amigo” de Barack Obama. Dijera lo que dijera se sacó la “rifa del pollo” y otro golpazo a su de por sí deteriorada popularidad, frente a la rabia contra el majadero güerejo. En resumen, quedó mal con Chana y con Juana.

Increíble la falta de asesores que lo “iluminaran” para evitar una torpeza imperdonable. La sociedad está que trina y se reproducen como esporas los comentarios en redes y de viva voz, tachando a este régimen de patético.

Se leen cosas peores y se denuncia el que se hiciera caso omiso de la dignidad nacional, al convidar a un demente agresivo, ofensor de todos los mexicanos.

A querer o no dependemos en gran medida, del destino de nuestro vecino del Norte. Aunque quisiéramos ignorarlos la balanza comercial es clave y es imposible modificar la vecindad con el decadente imperio. De eso, a traer al personaje que representa lo peor del fascismo y la cara del dictador, hay un abismo.

¿Quién ganará en noviembre? Trump sólo cuenta con un 22 por ciento de aceptación, después de una campaña de odio en la que no ha dejado títere con cabeza.

Hay factores que podrían incidir en su triunfo, como lo sería un ataque terrorista o la publicación de algunos de los muchos horrores que tiene la señora Clinton, escondidos en el closet. Ninguno de los dos es perita en dulce, pero serán los gringos los que elegirán y a nosotros sólo nos queda aceptar, entre comillas, al que llegue.

Fox se vio sabio: A Peña Nieto “lo chamaqueó” el borrego narcisista. Para su desgracia, se acabó de echar encima a unos desgobernados, que del malhumor pasamos al derrame biliar.
catalinanq@hotmail.com

Twitter: @catalinanq