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Cuchillito de Palo

  • Catalina Noriega

  • Catalina Noriega
  • Sobre advertencia no hay engaño

La Iniciativa Privada está que truena, por los aumentos a la gasolina y la energía eléctrica. Advierte –por no decir amenaza-, que “la planta productiva difícilmente absorberá el impacto” (Concamín y Canacintra).

Las cámaras de comercio e industrial  reniegan mediante declaración conjunta, de unos incrementos que indignaron a la población. Promesa de este Gobierno aparte (cuando juraron que se habían acabado los gasolinazos), acostumbrados como estamos a que nos mientan, quienes sentimos en cartera propia las constantes alzas, terminamos de acalambrarnos. O, ¿hay algún iluso que ignore las implicaciones de estas medidas?

Hace tiempo que se dejó de informar de la pérdida del valor adquisitivo. Quienes manejan nuestro destino en el renglón que más afecta, deben haber ordenado que se obvie un índice auxiliar para el conocimiento de la triste realidad.

Vemos, con angustia, que las quincenas que nos ingresan, apenas y cubren los primeros días. Después, por más que se trate de ser administrados, eliminar cualquier gasto fuera de presupuesto y el mínimo lujo, los billetes se agotan. Catástrofe la de sobrevivir, o intentarlo, hasta que se vuelve a cobrar.

Todo está por las nubes, aunque apenas les “caiga el veinte” a los empresarios e industriales. Puede ser que, con el objeto de conservar unas ventas redituables, hubieran hecho lo posible por mantener los precios. Ahora que la sombra de la recesión empieza a cubrirnos, insisten en el argumento de que los mantenían fijos.

De no ser ellos quienes reetiquetan mercancías de primera necesidad, habrá que cuestionarse sobre la mano negra que lo hace. Las amas de casa y cualquiera que se ocupe de adquirir los bienes de consumo para la familia está consciente de que le cuestan más, desde hace varios meses.

La puntilla, para el consumidor, son las alzas en la luz, gasolina y diésel. “O sube el precio de las tortillas, o bajamos las cortinas”, claman quienes se dedican al negocio. Ese aumento repercute directo en la clase más desfavorecida. Golpea de paso, a los que se ven en la necesidad de comer en la calle (imposible que alcance el horario para hacerlo en casa). De inmediato se irán para arriba los “tacos de canasta” –alimento básico de miles de empleados- y los sufridos albañiles tendrán que reducir el peso del triste kilo que compran entre varios.

“La inflación es la más baja de décadas” y los cínicos de OHL suben en un 23 por ciento la cuota de la Supervía Poetas y un seis por ciento la Autopista Norte. Para los automovilistas que hacen uso de ellas no quedará de otra que buscar vías alternas gratuitas, así se les dupliquen los tiempos de traslado. Ni quién detenga la voracidad del grupo español, al que se le acusa de tranza y media y sin embargo, tiene la “gracia” de caer siempre de pie, con los regímenes en turno.

El líder del PRI, Enrique Ochoa Reza, exmandamás de la Comisión Federal de Electricidad, declaró que las nuevas tarifas “no afectan a usuarios de bajo consumo”. ¿Y la subidera de los precios?, además de la “facilidad” con la que se pasa del “bajo” al “alto”, así se viva en penumbras.

El PRI regresó a Los Pinos y nos la volvió a hacer. Como en el pasado nos cayeron los peores azotes: Devaluación, endeudamiento público –otra vez hasta nuestros tataranietos-, inflación y dramatismo, pérdida de un poder adquisitivo que castiga el bienestar familiar, hasta lo indecible.

Se perdona todo, menos las penurias. El “no me alcanza” es más grave que la indeseable visita de Trump y hasta que la inseguridad.

catalinanq@hotmail.com

Tuiter: @catalinanq